miércoles, 15 de mayo de 2019

La Reencarnación



Esta doctrina / creencia es muy antigua. Tiene sus raíces en las religiones orientales provenientes de la India: Hinduismo, Budismo etc. Algunos han probado que también se origina en el concepto griego del hombre. La Teosofía la introdujo recientemente en el mundo occidental pero también la trajeron los grupos hinduistas como el Hare Krisna. Aceptan esta doctrina igualmente los espiritistas, nueva era, rosacruces y masones.

Enseña la evolución cíclica del alma de cada hombre al entrar en otro cuerpo después de la muerte. Este proceso continúa hasta que el alma ha alcanzado un lugar de perfección y se funde de nuevo con su fuente. El alma solo puede habitar otro cuerpo humano. La Transmigración, derivada de la Reencarnación enseña que el ciclo puede darse en algo orgánico o inorgánico y el concepto básico aquí empleado es la supuesta Ley del Karma que guía el proceso hasta la perfección. (Nirvana)

Se puede resumir esta doctrina entonces en 4 puntos:

1.  Pluralidad de existencias terrestres. Tenemos múltiples vidas y las seguiremos teniendo en este mundo y en otros.

2. Progreso continuo a la perfección. La ley del progreso no permite regreso ni estancamiento. Tarde o temprano todos llegarán a la perfección final.

3. Conquista de la meta final por méritos propios: El avance se logra en proporción de los esfuerzos personales. Todo mal cometido será reparado por expiaciones personales, sufrida por el espíritu de las nuevas reencarnaciones.

4.  La definitiva independencia del cuerpo: Mientras progresa, el alma adquiere un cuerpo menos material hasta llegar al final donde se encontrará libre e independiente de la materia. 

Argumentos en contra de la Reencarnación

1.  Es contraria a la experiencia humana. Ninguna persona recuerda nada de sus supuestas vidas anteriores por las que, se dice, hemos pasado. Algunos han reconocido que objetivamente hablando, no se ha probado la "memoria" reencarnacionista.

2.  Se convierte en una injusticia porque quien aplica la "ley de la compensación" lo hace sin explicar la razón del castigo o del premio. Cualquier persona que esté sufriendo algún castigo en una supuesta reencarnación debería saber por qué está sufriendo para evitar el error y mejorar la vida. Si nadie sabe por qué goza o por qué sufre, no hay justicia.

3.  Hay muchas personas que en la actualidad manifiestan una clara y evidente vida mala en todo sentido, sin embargo están disfrutando a lo grande aun explotando a los demás. Según la "ley de la compensación", estas personas tuvieron que ser "buenas" en su vida anterior o moralmente inferiores. ¿Cómo se explica aquí el error de la "ley de la compensación" o Karma?

4. En cuanto a recordar lugares donde uno ha estado antes hay varias explicaciones:

- Muchos lugares y ciudades se parecen. Los medios de comunicación en especial el cine y la TV prácticamente nos transportan  a lugares distantes.

- El subconsciente del hombre es capaz de examinar en segundos el lugar a donde éste llega.

- Cuando conscientemente la persona observa, el subconsciente ya ha observado y parece "reconocer" el lugar. Esto puede darse en diferentes niveles.

5.  En cuanto a que la reencarnación es la mejor explicación de las desigualdades entre los hombres, surgen las siguientes interrogantes: ¿Cómo puede mi vida existencial ser explicada retrospectivamente? Si cada vida debe ser explicada por una anterior, ésta necesita otra anterior y así llegaríamos al "infinitum" de nunca acabar. Esto al fin y al cabo no expolia nada. ¿Cómo se explicaría todo biológicamente, genéticamente, psicológicamente y socialmente? ¿Cómo forma y moldea nuestra identidad? La reencarnación hace de la realidad de los seres humanos un "individualismo antihistórico" porque hace caso omiso a todas esas realidades dadas en nuestro entorno.

6.  La humanidad y los animales se han reproducido por millones. ¿De dónde han aparecido todos los espíritus para reencarnar? Se recurre a la idea de que tales espíritus han venido de otros mundos. Pero, entonces ¿Por qué recuerdan solamente este mundo y no los otros?

7.   La reencarnación va en contra de la Biblia al hacer del hombre un ser dual. Es decir, tiene en sí dos existencias separadas: Una es el espíritu eterno que ha existido antes y existirá después separado del cuerpo. La otra es el cuerpo mismo que le sirve de morada temporal. ¿Se puede hablar de identidad? ¿Quién es realmente cada ser? La Biblia por el contrario, presenta una concepción unitaria y total del hombre.

8.   La reencarnación deja al hombre sin responsabilidad en esta vida porque, si al morir, la persona va a otro cuerpo a gozar o a sufrir, eso no significa que se condenará eternamente. Esto es peligroso porque el hombre, entonces, dejará de preocuparse por su "salvación" e irremisiblemente se condenará. En la India, la doctrina ha perpetuado una sociedad estratificada en castas que evidentemente es infame. Aquí, la misma compasión hacia los desamparados se mira como un acto en contra del Karma.

9.  La hipnosis como explicación no sirve pues es un estado demasiado subjetivo. En esta experiencia, el paciente entra en un estado mental (trance) que lo llevará a ser sumamente sugestionable a los deseos del hipnotizador.  Por otro lado, el cristiano entiende que este proceso es demasiado complejo para explicarlo de una sola manera. Existen problemas de "personalidades quebrantadas" cuyas manifestaciones son difíciles de identificar. Por otro lado la hipnosis parece ser un estado idóneo para el aprovechamiento demoníaco. Textos Bíblicos q refutan la Reencarnación: Filipenses 1:21, 2 Corintios 5:8, Hechos 7:59, Lucas 23:43,  Hechos 17:31, 1 Juan 3:2,  Apocalipsis 3:21, Juan  9:1-3, Hebreos 9:27.     Fuente: Seteca

Todo tiene su tiempo


Todo tiene su tiempo y todo aquello que desees debajo del cielo tiene una hora determinada. Encontrarás el tiempo de nacer y el tiempo de morir. Tendrás el tiempo de plantar lo mejor de tu semilla y el tiempo de arrancar lo que alguna vez sembraste. Habrá tiempo de matar y tiempo de curar; tiempo de destruir y tiempo de edificar lo que alguna vez cayó.

Habrá un tiempo de llorar y el tiempo de endechar. ¿Te fijaste que después de todo ello habrá tiempo de bailar? Sin embargo, te lamentarás de esparcir las piedras pero tendrás  el tiempo para juntarlas. ¿Por qué? Porque tienes que aprender la paciencia y ello no se aprende de la noche a la mañana. Pero si sé que hay momentos que a tu vida la abrazarás con todo lo mejor que tienes pero alguna vez no lo harás porque los tiempos son malos…

¿Y si tuvieses todos los bienes que más anhelaste? Tendrías un tiempo entonces de buscar lo mejor y un tiempo de perder. Entonces, experimentarás un tiempo de guardar lo que Dios te dio, y un tiempo de desechar en esas circunstancias. Hay tiempos de romper con lo que no nos sirve y tiempos también de coser nuevamente. Experimentarás  los tiempos de callar pero esperarás el tiempo de hablar proclamando entonces, la verdad. Descubrirás tu tiempo de amar y tendrás tu tiempo de aborrecer lo que no era verdadero Vivirás los tiempos de guerra para así conquistar otra vez lo perdido en el tiempo de paz.

¿Qué provecho tendríamos en lo que trabajamos en aquello que nos afanamos? Yo he visto el trabajo que Dios ha dado a los hijos de los hombres para que se ocupen en él. No obstante, todo lo hizo hermoso en su tiempo y ha puesto la eternidad en el corazón de sus hijos sin que alcance el hombre a entender la obra que ha hecho Dios desde el principio del mundo, hasta el fin de todo lo creado...

También supe que no hay cosa mejor para los hombres que alegrarse y hacer siempre el bien en su vida. Es un regalo de Dios que todo hombre se alimente y beba, gozando así el bien de todo lo que ha hecho y ha encontrado.

Comprendí que todo lo que Dios hace será inacabable, perpetuo, sobre todo lo que hizo. No se añadirá más ni tampoco se disminuirá. ¿Sabes por qué? Porque Dios lo hace para que en su presencia lo reconozcan todos los hombres. Aquello que fue, ya es; y lo que ha de ser, fue ya; y Dios restaura lo que pasó.    Pr. Roque Puell López Lavalle

Fuente:
La Biblia 
(Paráfrasis de Eclesiastés cap. 3)

Nuestro cerebro

La creencia muy popularizada de que los humanos sólo utilizamos del 10 al 20% de nuestro cerebro se le atribuye a Albert Einstein. Es una de las afirmaciones utilizadas para reclutar personas para la secta de la ‘Cienciología’.  Es también favorita entre los gurús del ‘pensamiento positivo’ de la Nueva Era. La razón por la cual es aceptada ampliamente puede ser debida a que el popular libro de Dale Carnegie How to Win Friends and Influence People (Cómo ganar amigos e influir en la gente) afirmaba que la mayoría de las personas sólo utilizan el 15% de sus cerebros: un ‘hecho’ que probablemente no tiene mucho fundamento1. Han habido muchos avances recientes en las técnicas de investigación cerebral, incluyendo sofisticados escaneos. Sin embargo, aún no sabemos mucho de cómo funciona el cerebro en general.  No sabemos casi nada sobre cómo procesa la información. Lo que sí sabemos es que ciertas actividades se originan en la corteza cerebral, y que ciertas memorias se almacenan allí. Pero no sabemos dónde y cómo se almacenan, ni cómo podemos traer a la memoria nuestros recuerdos, ni cómo podemos producir nuevas ideas.  Lo poco que sabemos nos ha llegado mediante el estudio de personas cuyos cerebros han sido dañados por accidentes, trombosis o tumores.

De manera que esta creencia tan popular simplemente está equivocada. Si fuera cierta, las cosas que dañan el cerebro no tendrían consecuencias tan drásticas para nuestra capacidad de pensar, hablar, y recordar. Si comparamos al cerebro con una computadora, el ‘hardware’ o la máquina en sí, está ahí, lista para procesar los programas sencillos o complejos que se le den, que pueden variar.  Ninguna computadora utiliza todos sus circuitos de procesamiento al mismo tiempo, en nuestro cerebro, eso sería como un grave ataque epiléptico. Cuando los investigadores en los años 60 comenzaron a asignar ciertas zonas para ciertas funciones, otras continuaron siendo desconocidas, lo cual puede haber afianzado el mito. Pero en los años 20, unos experimentos con ratones habían ya demostrado que cualquier eliminación de tejido cerebral ocasionaba una pérdida funcional. Se les enseñaba a los ratones tareas sencillas (como pasar a través de un laberinto) y, a continuación se les quitaba una porción de su corteza cerebral. Los resultados indicaron que ‘la memoria se almacenaban en toda la corteza y no en un lugar preciso: cuánto más corteza se eliminaba, peor actuaban los ratones.

¿Creía pues, el mito Albert Einstein?  De hecho, pudo haberlo utilizado como una respuesta cínica cuando un periodista le preguntó que ‘por qué era más listo que otras personas’1.

Muchos pacientes con un bloqueo en el flujo del fluido cerebral (hidrocefalia), en quienes el cerebro en desarrollo se comprimió lentamente hasta convertirse en una hoja fina, han demostrado tener una inteligencia normal o superior.  Uno inclusive obtuvo un título superior en matemáticas, ¡a pesar de que su cerebro se había comprimido desde su espesor normal de 45 mm. a 1 mm de promedio!  Lejos de mostrar que no utilizamos la mayor parte del cerebro, estas cifras indican que el cerebro en desarrollo tiene una capacidad tremenda para compensar la lenta invasión de un problema neurológico. 

Nuestros cerebros han sido realmente diseñados con una asombrosa capacidad compensatoria.  Tras una trombosis, algo de la función perdida puede ser tomada por otras porciones intactas.  Asimismo la región del cerebro relacionada con el control de cierta función, como la mano por ejemplo, se desarrolla más al aprender por ejemplo a tocar la guitarra.  Otro ejemplo es con las personas que se quedan ciegas, en quienes el sentido del tacto mejora grandemente para compensar.

¿Por qué deberían las mutaciones casuales, acompañadas de la selección natural, favorecer el desarrollo de un tacto exquisito en las personas ciegas?  La mayoría de las cegueras ocurren mucho después de los años fértiles, de manera que, desde un punto de vista darwinista, tales características de diseño tan ‘compasivas’, útiles sólo en el caso de una desgracia, son difíciles de explicar.  Tiene sentido desde el punto de vista Creacionista, en un cuerpo diseñado por un Creador inteligente para valerse en un mundo caído. Nuestro cerebro es lo más complejo que hay en el universo. La próxima vez que oiga a alguien citar el mito urbano acerca de ‘usar sólo el 10% (o el 20%) de nuestro cerebro’, pregúntales cómo lo saben.  ¿Cómo se calibró o midió esto?  Por supuesto que no lo ha sido todavía.  Podría ser una manera útil de hacerles pensar críticamente acerca de otras cosas (como la evolución) que se nos ha enseñado como ‘verdad’.   Carl Wieland

Nota

1 ‘Brain drain’, New Scientist 160 (2165-6-7):85-86, 19-26 diciembre, 1988- 2 enero 1999. 

martes, 23 de abril de 2019

Mentiras de la Historia


1. Bin Laden no fue el primero en atacar a EEUU en su propio territorio nacional. El “merito” le corresponde a Pancho Villa, quien en 1916 cruzo Río Grande y atacó la ciudad de Columbus, en Nuevo México, donde mató a siete personas. La invasión duró menos de diez horas.

2. Las tres carabelas de Colón sólo fueron dos. La pinta y la Niña. Por que la tercera nave que participó en el descubrimiento de América era una nao, otro tipo de barco de mayor tamaño. Se llamaba Maria Galante, pero Colón la rebautizó Santa María.

3. Las brujas de Salem no fueron quemadas en la hoguera. Pero que nadie piense que las indultaron. En realidad fueron ahorcadas, que era la pena que las comunidades protestantes y calvinistas solían dictar para los casos de hechicería.

4. Napoleón no era tan bajito. De hecho, media 1,68 cm., una estatura aceptable para su época, e incluso superaba por 4cm al duque de Wellington, su gran enemigo.

5. En Casablanca, Bogart nunca pronuncia la frase: “Tócala otra vez, Sam”. En realidad, la frase exacta es: “Tócala Sam, Toca As time goes by”, y la recita Ingrid Bergman. Para acabar de arruinar el mito, el actor que hacia de Sam (Dooley Wilson) solo cantaba, ya que no sabia tocar el piano. El acompañamiento se incorporó en el estudio.

6. Los vikingos no llevaban cascos con cuernos. Fue una invención del pintor sueco Gustav Malstrom en las ilustraciones que realizó en 1820 para el poema épico Frithiof`s Saga. El propósito de estos cuernos irreales era retratar a los feroces guerreros del Norte como seres casi demoníacos.

7. La guerra de los 100 años, realmente duró 116, de 1337 a 1453, año en que los reyes de Inglaterra y Francia (los países en conflicto) pusieron fin a las hostilidades.

8. El estrangulador de Boston, Albert de Salvo, no estrangulaba a sus victimas. Al menos, no a todas. Únicamente asesino de ese modo a la primera; en cambio a las otras doce las mato a golpes o puñaladas.

9. George Washington no fue el primer presidente de EE.UU. Al estallar la revolución americana en 1714, una comisión de notables eligió a Peyton Randolph, de manera provisión, para ese cargo. Tras su dimisión, ocho personas actuaron como presidentes en funciones hasta 1789, año en que por fin se aprobó la Constitución americana y se celebraron las primeras elecciones al cargo, en las que Washington fue finalmente elegido.

10. Walt Disney no sabía dibujar y nunca diseño ninguno de sus famosos personajes. Durante muchos años se dijo que Mickey Mouse había sido creado por el, pero ahora sabemos que fue obra exclusiva del dibujante Ub Wickers quien le dejo a Disney compartir la autoría para devolverle un favor.     Adaptado


Las Religiones (II parte)


¿Te has puesto a pensar? Siendo que existen muchas religiones en el mundo y que algunos dicen que sólo la suya es la verdadera, ¿Qué será, según ellos, de las otras religiones?


El Señor Jesucristo jamás enseñó que habría una religión verdadera. ¿Significa esto que todas las religiones son verdaderas? ¡De ninguna manera! Lo que en realidad significa es que ninguna religión es verdadera. Antes de que nos tildes de locos o excéntricos, permíteme explicarte. La palabra "religión" viene de la palabra religare, que en latín significa "volver a unir". De aquí que llamemos "religión" a todo esfuerzo del ser humano por volver a unirse (después de la separación por el pecado original) con Dios.

Pero hagámonos esta pregunta, seriamente: ¿Existe algún esfuerzo humano capaz de reconciliar al hombre con Dios? La respuesta es un NO rotundo.

¿Te gustaría saber lo que piensa Dios del esfuerzo humano como medio para lograr unir al hombre con Dios? Nota lo que dice la Biblia en Isaías 64:6:

"Si bien todos nosotros somos como suciedad, y todas nuestras justicias como trapo de inmundicia; y caímos todos nosotros como la hoja, y nuestras maldades nos llevaron como viento."

Cualquier religión, vista como el conjunto de prácticas y/o ideas que se nos presente como el medio para acercarnos a Dios, es el fracaso más grande que nos podamos imaginar. ¿Te das cuenta por qué afirmamos que no existe lo que se da por llamar "religión verdadera"?

El mejor esfuerzo del hombre para volver a unirse con Dios, es catalogado por Dios como trapo sucio. Si el hombre confía en su religión, cualquiera que sea, como medio para llegar a Dios; Dios no lo aprueba, simplemente lo desatiende. Ahora bien, si no es por medio de la religión que el hombre puede llegar a Dios; entonces, ¿Cómo puedes hacerlo?

Pues el hombre tiene que dejar que Dios tome la iniciativa. Esa iniciativa se dio cuando Dios envió a su Hijo al mundo. Hace casi 2000 años, el Hijo de Dios se hizo carne, nació como un bebé, vivió toda su vida en total santidad, a los 33 años fue crucificado, murió y fue sepultado, y tres días después resucitó. Fue su sacrificio el que nos abrió el camino a Dios. Es por eso que para ser salvos no tenemos que confiar en las demandas, preceptos, dogmas o ritos de alguna religión, sino única y exclusivamente en la persona y la obra de Cristo, quien murió por nosotros en la cruz del Calvario. Fue la muerte de Cristo lo que sirvió para que nosotros quedemos libres de la condenación y el poder del pecado.

Él recibió sobre sí mismo todo el castigo por nuestros pecados a fin de que nosotros ya no lo recibamos y en lugar de ello tengamos paz con Dios. Al recibir a Cristo como nuestro Salvador, no estamos recibiendo una religión sino a una PERSONA. Bien se ha dicho que la salvación no es cuestión de entrar en una religión sino en una relación. Jesús dijo "Yo soy el camino, y la verdad, y la vida; nadie viene al Padre sino por mí". (Juan 14:6).

Cuando le abrimos nuestro corazón, llegamos a ser uno con Cristo, y mediante esa relación tan estrecha e íntima con él, tenemos acceso a Dios; puesto que estamos en su Hijo y su Hijo está en nosotros. Cuando nos preguntan en qué nos basamos para decir que somos salvos, jamás decimos que somos salvos porque somos evangélicos, porque el mero hecho de denominarte cristiano evangélico no te hace automáticamente salvo. Siempre decimos que somos salvos porque tiempo atrás decidimos recibir a Cristo como único y personal Salvador, dejando a un lado cualquier esfuerzo humano que pensábamos podría traernos salvación.

Pese a ser todo esto, tan cierto; este mundo está lleno de personas que aún confían en su religión para ser salvos. A personas así, les queremos decir con mucho amor, que el infierno es la reunión ecuménica más grande que podamos imaginar, esto es así porque ahí están reunidos católicos romanos, evangélicos, musulmanes, budistas, testigos de Jehová, mormones, espiritistas, etc., etc. Todas estas personas confiaron en su religión, pero jamás establecieron una relación personal con Jesucristo.

De modo que no importa el que haya cientos o miles de religiones en el mundo y muchas más sectas dentro de esas religiones. Todas y cada una de ellas fracasan en su intento de unir al hombre con Dios.

Tú no debes estar preocupado por hallar la "religión verdadera". Lo que debes preocuparte es si has recibido o no a Jesucristo como tu Salvador personal. Si lo has hecho y tienes una relación personal con él, puedes estar seguro de que eres salvo. Lo que sí te recomiendo es que procures conocer más la Palabra de Dios y esforzarte por vivir aplicándola a tu vida. Procura también tener comunión con otros creyentes, que al igual que tú, están creciendo en el conocimiento del único Salvador. Así podrás dar y recibir ayuda en tu caminar con Dios.

Pero si tú nunca has recibido a Cristo como tu Salvador personal, entonces no importa de qué religión seas miembro; de todos modos tú estás muerto espiritualmente y en serio peligro de terminar confinado en el infierno por la eternidad.     Adaptado

sábado, 20 de abril de 2019

El Cristo de Hispanoamérica I


C
iertamente, el Cristo llegó a nosotros vía España: la España que dotada de un sentido de misión, de una mística muy propia del espíritu íbero, realizó la conquista y colonización de gran parte del Nuevo Mundo. "Por la primera y última vez en la historia del cristianismo", dice Juan Mackay, "la espada y la cruz formaron una alianza ofensiva para llevar el cristianismo, o lo que se consideraba como tal, a tierras extrañas".


Al frente de la empresa venía el almirante genovés don Cristóbal Colón, quien ufanándose de la etimología de su nombre Cristóforo se consideraba un verdadero "portador de Cristo". ¿De cuál Cristo? preguntamos. Ningún otro sino el de las austeras vestimentas medievales, el de los rígidos y fríos escolásticos, el Cristo del pueblo español, el cual en la actualidad la mayoría rinde adoración, o sea el Cristo carne (Jesús de Nazareth). 

Muy extraño debe haberles parecido a los aborígenes americanos este Cristo de sus conquistadores: el dios blanco que muere por toda la humanidad, establece una religión cuyo jefe máximo está en Roma, y cuenta entre sus seguidores al rey hispano, quien envía un grupo de sus aguerridos súbditos a descubrir y sojuzgar tierras misteriosas y lejanas al otro lado del mar. En nombre de Dios y del rey estos castellanos, rubios como el sol y cabalgando briosos corceles, matan indios a diestra y siniestra, les despojan de sus tierras, les violan a sus mujeres, y convierten a todos, los que sobreviven la matanza, en esclavos del papa y del gran imperio español, “En muchos casos”, "el espíritu de la espada fue más fuerte y poderoso que el espíritu de la cruz. Para muchos Cristo no era un Salvador que había dado su vida por ellos sino un tirano celestial que destruía las vidas para su gloria, por la conquista de dominios y terrenos.

Con excepción de la obra caritativa de algunos frailes misioneros, como la del célebre protector de los indios Fray Bartolomé de las Casas, muy poco hicieron los colonizadores en el terreno económico y social para borrar la impresión negativa que los aborígenes habían recibido en su primer encuentro con el Cristo en cuyo nombre lo habían perdido todo, inclusive la libertad. Los seguidores y defensores de este Cristo seguían oprimiéndolos y degradándolos, y la nueva raza que surgió de la unión de dos sangres no corrió mejor suerte que la sufrida por los autóctonos americanos.

No era éste el Cristo que anunciaban con notas de oro los clarines de la Reforma religiosa del siglo XVI. Esta se quedaría atrás, allá en España, combatida tenazmente por Ignacio de Loyola, aplastada por Carlos V y Felipe II, consumida en las llamas implacables de los autos de fe. Mientras otros países europeos se sacudían la modorra de siglos en el despertar convulsivo de la Reforma , España seguía quieta, inerte, sin experimentar en su religión los dolores de parto de una nueva era.

“El otro Cristo español”, que llegaron a cantar en poemas incomparables los grandes místicos de España, corno Juan de la Cruz y Fray Luis de Granada, fue lento en su peregrinar al nuevo continente. Si tuvo seguidores aquí desde el principio de la colonia, su influencia no fue lo suficientemente poderosa como para anular del todo la del Cristo de las tradiciones. Con todo, mucho empeño pusieron los misioneros para hacer aceptable su Cristo a la mentalidad de la raza oprimida; y en su afán de adaptarse a la cultura indiana no pudieran evitar el sincretismo religioso. Toleraron y estimularon la mezcla del cristianismo español con las ideas y prácticas de la religión local. Cristo, la virgen y los santos vinieron a aumentar el número de deidades en el panteón americano. Al mismo tiempo muchísimos aborígenes continuaron adorando a sus antiguos dioses en las imágenes traídas por el catolicismo. Detrás de estos santos de blanca tez y ojos azules se alzaba la presencia mágica y poderosa de dioses y diosas regionales que seguían muy campantes haciendo de las suyas en la experiencia religiosa de sus adoradores.

Continuará en la Parte II



El Cristo de Hispanoamérica II

Parte II

EL CRISTO IMAGEN
  
Muy útil sería en el trabajo catequístico de la Iglesia en tierras americanas el Cristo imagen que tan prominente era ya en la religión de los colonizadores. Era mucho más fácil mostrar una imagen que explicar un dogma; hacer un cambio de imágenes europeas por los ídolos autóctonos que arrancar de cuajo ideas religiosas que eran producto de siglos. Tampoco era difícil americanizar la imagen del Cristo, El sincretismo religioso se expresaría también en esculturas y pinturas de un Jesús que retiene sus facciones extranjeras pero en color moreno. Hay muchos cristos mestizos, y aun negros, en nuestra América hispana. Aquí también el Cristo se volvería piedra y madera, lienzo y estampa -obra de arte a veces magnífico- escultura y pintura en la gloria de los altares, en el rincón hogareño, en la celda monacal, en el cruce de los caminos, en la cresta de las montañas. El Cristo imagen habría de proyectar su sombra a lo largo de todo un continente.

Esta figura del Cristo se hizo familiar en campos y ciudades, y al fin despertó en la gente hondas simpatías. Después de todo el Cristo es un niño en los brazos protectores de su madre, inofensivo y dulce como todos los niños. ¿Cómo puede El ser un déspota o un tirano? Si no es capaz de liberar a la raza de sus ominosas cadenas tampoco puede culpársele de haberlas forjado Él con sus débiles e infantiles manos.

Es el niño que no puede hablar. Su balbuceo es apenas comprendido por María, quien lo sostiene y le cuida. No puede el niño Dios reprocharle a los amos blancos su abuso de poder, su ilimitada codicia y lascivia, sus tremendas injusticias contra el pueblo humillado y vencido, Carece del don maravilloso de la palabra. Es inofensivo tanto para los poderosos como para los débiles y pequeños. Nada puede hacer contra el pecado de los unos y los otros. Es sólo la imagen de un niño que permanece sonriendo, indiferente a la enorme tragedia que ocurre en su derredor. Se está forjando bajo signos despóticos una raza, un nuevo mundo, y este niño Jesús no dice nada.

El indígena niño, subyugado por el patrón blanco, tratado como un niño por sus conquistadores, se identifica consciente o inconscientemente con el Jesús niño y corre a refugiarse en los brazos de la madre bondadosa. Así la veneración a María lleg6 a tener más importancia en nuestra América que el culto a Cristo. Las almas oprimidas buscan a la madre, María, no a su hijo Jesús.

Otra imagen favorita ha sido la del Cristo sufriente. En general, el catolicismo hispanoamericano se ha caracterizado especialmente por la presencia del Nazareno que sufre, agoniza y muere. La cristianización de estas tierras fue una siembra abundante de la cruz. Por este signo venció España en la conciencia de sus nuevos súbditos. Era la religión del crucifijo, del Cristo que muere en impotencia clavado al madero de ignominia. La apoteosis de esta religión se efectúa el Viernes Santo, no el Domingo de Resurrección. Por supuesto, el dogma afirma que el crucificado se levantó al tercer día de entre los muertos; pero el dogma no parece llegar a las masas. Lo que ellas contemplan es al Cristo prisionero, azotado, coronado de espinas, clavado en la cruz, encerrado en su urna funeraria: su aposento de todo el año, de todos los años, de siglos y siglos. 

El Cristo imagen está derrotado; la raza autóctona huye llena de pavor; la nueva raza, la de las dos sangres, la de los dos mundos, nació vencida. Hispanoamérica no sólo ha llorado con Cristo; ha llorado por El. Y más por El que con El. Sus palabras pronunciadas en la vía dolorosa se han echado al olvido: "Hijas de Jerusalén, no lloréis por mí; llorad por vosotras y por vuestros hijos". Sin embargo, y aunque parezca contradictorio, al Cristo imagen se le piden favores. Se le compadece y se le teme. Inspira lástima y fe. En grandes emergencias es posible acudir a El, y mucho mejor si la petición se eleva a una de sus imágenes más milagrosas. En su novela El Señor Presidente, Miguel Ángel Asturias pinta a lo vivo la fe de las masas latinoamericanas en el Cristo imagen cuando pone en los labios de una pobre mujer las siguientes palabras:

“A usté es al que yo siento. Debía pasar a pedirle a Jesús de la Merced. ¿Quién quita le hace el milagro? Ya esta mañana, antes de irme a la penitenciaría, fui a prenderle una su candela y a decirle: ¡Mirá, negrito! aquí vengo con vos, que por algo sos tata de todos nosotros y me tenés que oír: en tu mano está que esa niña no se muera; así se lo pedí a la Virgen antes de levantarme y ahora paso a molestarte por la misma necesidad; te dejo esta candela en intención y me voy confiada en tu poder; aunque dia-cún rato pienso pasar otra vez a recordarte mi súplica” 

La oración de esta mujer no podía ser más sincera, ni su confianza más grande. Así reza nuestro pueblo; así ha rezado por siglos ante el Cristo crucificado, muerto y sepultado.

EL CRISTO DE LAS MINORÍAS 

El Cristo desconocido por las masas no ha sido mejor comprendido por las minorías de nuestro continente. No pocos ricos y poderosos han hallado muy cómodo creer en el Cristo imagen que sufre pacientemente su calvario y guarda profundo silencio ante el dolor de las masas paupérrimas que le rodean. Durante casi cuatrocientos años sus labios han estado sellados sin pronunciar la palabra que el pueblo espera.

Es bastante fácil tolerar a Jesús Nazareno que no irrita a sus adoradores señalándoles sus pecados, que no despierta las conciencias encallecidas en el ejercicio del mal. Basta con arrojarle una limosna de cuando en cuando y llevarlo en hombros una vez al año en presencia de las almas devotas. El es el Cristo de la cruz y del sepulcro, amurallado en el templo, encerrado en urnas de cristal, reducido a la impotencia en la seguridad del claustro. El no va a la intimidad de los hogares, ni se interesa en negocios ajenos. Su mundo es la paz sepulcral de los santuarios, de donde raras veces sale para ser admirado, compadecido y llorado por las multitudes. 

En círculos intelectuales el Cristo se vuelve fácilmente un símbolo o una figura retórica. Se le observa desde diferentes ángulos y se le presenta como un caudillo espiritual, maestro o filósofo, reformador social, o como un pobre visionario que equivocó el camino en su afán sincero de liberar al hombre. Algunos lo respetan y admiran; otros pasan frente a El con altiva indiferencia. Estos le prodigan mil elogios y aquellos se burlan de El. Muchos le toleran con gesto de paternal solicitud. Le tienen lástima porque le ven, como diría Rubén Darío, yendo aún por las calles “flaco y enclenque". Es para ellos el Cristo que según Amado Nervo llama en vano a las puertas buscando un sitio donde reposar: Cristo, la ciencia moderna te arroja sin compasión de todas partes. ¡No tienes donde residir, Señor! (Hospitalidad) 

No ha faltado quienes le nieguen al Cristo la realidad de su existencia. No andan ellos, por lo tanto, en busca del Jesús histórico. Para otros, El podrá pertenecer al pasado, pero no al presente, ni mucho menos al futuro. Creen vivir en una era pos cristiana, y no ven en Cristo la respuesta para la angustia del hombre contemporáneo.

Continuará en la Parte III