jueves, 15 de agosto de 2019

Amar a un ser humano



Amar a un ser humano es aceptar la oportunidad de conocerlo verdaderamente y disfrutar de la aventura de explorar y descubrir lo que guarda más allá de sus máscaras y sus defensas; contemplar con ternura sus más profundos sentimientos, sus temores, sus carencias, sus esperanzas y alegrías, su dolor y sus anhelos; es comprender que detrás de su careta y su coraza, se encuentra un corazón sensible y solitario, hambriento de una mano amiga, sediento de una sonrisa sincera en la que pueda sentirse en casa; es reconocer, con respetuosa compasión, que la desarmonía y el caos en los que a veces vive son el producto de su ignorancia y su inconsciencia, y darte cuenta de que si genera desdichas es porque aún no ha aprendido a sembrar alegrías, y en ocasiones se siente tan vacío y carente de sentido, que no puede confiar ni en si mismo; es descubrir y honrar, por encima de cualquier apariencia, su verdadera identidad, y apreciar honestamente su infinita grandeza como una expresión única e irrepetible de la vida.

Amar a un ser humano es ser suficientemente humilde como para recibir su ternura y su cariño sin representar el papel del que nada necesita; es aceptar con gusto lo que te brinda sin exigir que te dé lo que no puede o no desea; es agradecerle a la Vida el prodigio de su existencia y sentir en su presencia una auténtica bendición en tu sendero; es disfrutar de la experiencia sabiendo que cada día es una aventura incierta y el mañana, una incógnita perenne; es vivir cada instante como si fuese el último que puedes compartir con el otro, de tal manera que cada reencuentro sea tan intenso y tan profundo como si fuese la primera vez que lo tomas de la mano, haciendo que lo cotidiano sea siempre una creación distinta y milagrosa.

Amar a un ser humano es también atreverte a establecer tus propios límites y mantenerlos firmemente; es respetarte a ti mismo y no permitir que el otro transgreda aquello que consideras tus derechos personales; es tener tanta confianza en ti mismo y en el otro, que sin temor a que la relación se perjudique, te sientas en libertad de expresar tu enojo sin ofender al ser querido, y puedas manifestar lo que te molesta e incomoda sin intentar herirlo o lastimarlo. Es reconocer y respetar sus limitaciones y verlo con aprecio sin idealizarlo; es compartir y disfrutar de los acuerdos y aceptar los desacuerdos, y si llegase un día en el que evidentemente los caminos divergieran sin remedio, amar es ser capaz de despedirte en paz y en armonía, de tal manera que ambos se recuerden con gratitud por los tesoros compartidos.

Amar a un ser humano es ir más allá de su individualidad como persona; es percibirlo y valorarlo como una muestra de la humanidad entera, como una expresión del Hombre, como una manifestación palpable de esa esencia trascendente e intangible llamada "ser humano", de la cual tú formas parte; es reconocer, a través de él, el milagro indescriptible de la naturaleza humana, que es tu propia naturaleza, con toda su grandeza y sus limitaciones; apreciar tanto las facetas luminosas y radiantes de la humanidad, como sus lados obscuros y sombríos; amar a un ser humano, en realidad, es amar al ser humano en su totalidad; es amar la auténtica naturaleza humana, tal como es, y por tanto, amar a un ser humano es amarte a tí mismo y sentirte orgulloso de ser una nota en la sinfonía de este mundo.

Compilado







Los primeros judíos en México


"El mundo se divide en dos grupos de naciones: las que quieren expulsar a los judíos y las que no quieren recibirlos." --- Chaim Weizmann

Pretender divorciar el descubrimiento de América con la expulsión de los judíos de España, resulta humana e históricamente un acto voluntario de ceguera. Invidencia que se manifiesta en la mayoría de los escritores que abordan el tema; desglosando hasta lo infinito la presencia hispana en América y olvidando de manera irracional e incomprensible el asunto de la expulsión y sus consecuencias.

Lo uno no puede narrarse sin tomar como antecedente lo otro. El binomio causa-efecto es indivisible en el descubrimiento del nuevo continente. ¿Colón hubiese contado con los recursos de no haberse publicado el edicto? ¿Los hebreos peninsulares (ricos e influyentes) hubieran apoyado a Colón en cualquier circunstancia?  Cierto es que no podemos olvidar -si queremos ser objetivos- que Colón se vio favorecido en su empresa por la desgracia acontecida a sus hermanos españoles.

El arrojo del navegante contagió a varios judíos conversos, quienes encontraron en los sueños de Colón una manera de olvidar la pesadilla que estaban viviendo en España, y que, además, de resultar cierta su teoría, podrían ingresar a una nueva etapa de mejoría económica (tan ausente por aquellas tierras).

No deja de sorprender al hombre del siglo XX, el arrojo de los marinos que acompañaron a Colón en la empresa. Navegar hacia lo desconocido, sin ruta definida, ni tiempo conocido de travesía, debió de ser todo un reto en el que se jugó el todo por una quimera. Hoy día serían pocas las personas que se atrevieran a realizar el viaje en idénticas condiciones; con cuanta mayor razón se aprecia la valentía de Colón y su tripulación.

Ha quedado establecido y comprobado que entre los marinos y acompañantes de Colón, cuando menos una media docena era de origen judío, resaltando la figura de Luis de Torres, intérprete del grupo, de quien escribiera el P. Las Casas: "...que había vivido, con el adelantado de Murcia y había sido judío y sabía hebraico y caldeo", de lo que se desprende que Torres era un judío culto.

Otro de los judeo-conversos que acompañaron a Colón en el primer viaje, fue el médico de la expedición, conocido como el "Maestro" Berna!. Integraban además el grupo, Rodrigo de Triana (quien viera tierra americana por primera vez), el cirujano Marco y Alonso de la Calle,  Rodrigo Sánchez de Segovia y tal vez algunos otros más, llegando a sumar la cantidad de 86 conversos los que acompañaron al almirante en sus cuatro viajes,  de los cuales algunos regresaron a la península sólo a animar a otros judíos a venir a las nuevas tierras de conquista. Proposición que por supuesto fue aceptada en miles de casos, dado el hostigamiento de que eran objeto por los compañeros de su nueva religión.

Durante las travesías de Colón, los conversos tuvieron toda la libertad para viajar al llama-do "Nuevo Mundo", incluso, en el año de 1509, la llamada "Composición de Sevilla", autorizaba (entre otras cosas) a los conversos y penitenciados para viajar y comerciar en Indias."

Tibias e inaplicables leyes comenzaron a prohibir el viaje de "judíos, moros o conversos" a la Nueva España y en general a las mal llamadas "Indias". A pesar de tales prohibiciones judíos y conversos logran llegar al nuevo continente, no siendo sino hasta el 15 de septiembre de 1522, que el Emperador Carlos V prohíbe tajantemente en Valladolid, que "...ninguno nuevamente convertido a Nuestra Santa Fe Católica de Moro o Judío, ni sus hijos puedan pasar a las Indias sin expresa licencia nuestra". Y no quedó allí el asunto, sino que señalaba además: "...Hijos de judíos, residen en las Indias, y en cualquier parte, echen de ellas a los que hallaren, enviándolos a estos Reynos en los primeros Navíos que vengan, y en ningún caso queden en aquellas provincias."

Afortunadamente para este tiempo, miles de familias de conversos habían encontrado un refugio más o menos seguro en la Nueva España y en algunas islas. Además, la añeja corrupción española había hecho de las licencias de viaje, como apunta atinadamente Gojman,  una lucrativa profesión para cierta élite de funcionarios de la corona.
En la medida que los monarcas endurecían su posición, los precios de los pasaportes (llama-dos "licencias") para los conversos subían de precio, pero la corriente migratoria no se detenía, cuando mucho se reducía.

Resulta aberrante que todavía en septiembre de 1802, el Rey de España por conducto del Supremo Consejo de la Santa y General Inquisición, ordenara a las autoridades del "Nuevo Mundo", que "...no se permitiera saltar en tierra a los judíos, ni internarse en ninguno de los dominios de España."

Claro está que durante este largo período de tiempo, las cosas para los conversos tomaron caminos insospechados, lográndose al paso de los siglos una asimilación lenta y dolorosa. Mientras esto llegaba a ocurrir, el flujo de los conversos a la Nueva España durante el siglo XVI no se detuvo sino por cortos períodos, y aun así no en forma total (como ya lo mencionamos).

Ciertas ciudades durante el siglo XVI, fueron en especial refugio para los "cristianos nue-vos", en un continente donde la "pureza de sangre" no tenía una obsesiva prioridad tal y como se le concedía en España. A no ser que se tratara de peninsulares vascos, quienes tenían dificultades con todos los demás hispanos, ya no se diga con los conversos.

Los vascos, según escribe Jonathan I. Israel, se ufanaban de su "limpieza de sangre", sosteniendo incluso que por sus venas no corría sangre romana, visigoda, mora o judía. Actitud que irritaba a los demás españoles sobre todo como menciona este autor "a los del sur de la península, los cuales, a pesar de tener la piel más oscura y la sangre muy mezclada con sangre extraña, y sobre todo latina y semítica, daban un extraordinario valor a la sangre «pura» y a la nobleza que supuestamente ésta confería."

México, Puebla, Oaxaca, Pachuca, Acapulco, Guadalajara, Mérida, Zacatecas, Sombrerete, Orizaba, Veracruz y Campeche, fueron las principales ciudades donde los conversos radicaron al principio, sintiendo tal libertad, que muy pronto formaron sus comunidades, las cuales aunque se mantuvieron en el secreto, su excesiva confianza atrajo sobre ellos -demasiado rápido- las garras inquisitoriales.

Tal es el caso de Gonzalo de Morales y Hernando Alonso, de quienes se ha llegado a considerar como los primeros hebreos que pisaron suelo mexicano. Para su mala suerte, también fueron los primeros en ser procesados (pertenecían a las huestes de Cortes y llegaron a la Nueva España en 1521). Estos conversos tuvieron la desgracia de ser denunciados bajo el cargo de "judaizantes" ante el inquisidor dominico, Fray Vicente de Santa María, quien sin miramientos endereza un proceso sumario contra estos infelices, muriendo consumidos por las llamas  en Santiago Tlatelolco. Sus insignias de penitenciados son colgadas en la iglesia mayor de la capital, como una muestra más del intolerante orgullo español, incapaz de reconocer su barbarie e ignorancia bíblica.

Uno de los testigos de semejante atrocidad, el señor Pedro Vázquez de Vergara, manifestó ante el Inquisidor Bonilla: “...Que a Hernando Alonso le quemaron porque tenía una ceremonia de judíos, prohibiendo a Isabel de Aguilar, su mujer, que no fuese á la iglesia estando en su regla, por guarda de la ley de Moisés."

Cierto o falso el cargo, la verdad es que aquel absurdo no era causa ni siquiera para ser considerada falta administrativa, mucho menos para merecer la hoguera.

Infortunadamente el fanatismo había entenebrecido las conciencias y el sano juicio de gobernantes y religiosos hispanos. El aquelarre religioso -para desgracia de judíos y protestan-tes- no sólo continuaría, sino que estaría presente en las tierras conquistadas hasta bien avanzado el siglo XIX; conservándose incluso hoy en día en algunas zonas de México. ¡La herencia de la intolerancia transmitida (tal vez, genéticamente) para desdicha y ruina espiritual de sus descendientes!

Por si faltara gravedad al asunto, poco tiempo después de la muerte de Hernando Alonso y Gonzalo de Morales, arriba a la Nueva España el "primer obispo y arzobispo" de México, el polémico Fray Juan de Zumárraga, quien además de ostentar tales nombramientos, desempeñó el cargo de "Inquisidor Apostólico" de 1536 a 1543. Año en que es reemplazado por Francisco Tello de Sandoval a consecuencia de una imprudencia política, ya que siendo tanto su celo y fanatismo religioso, en uno de tantos arrebatos ordena la quema de don Carlos, cacique de Texcoco.  Acción que la corona española desaprueba condenándole con la pérdida del cargo inquisitorial, debido a que su acción amenazó inútilmente la estabilidad política de la colonia.

En su momento, ya nos ocuparemos de la sangrienta figura de Zumárraga, mientras tanto, hemos de establecer el hecho de que a pesar de la persecución, la comunidad conversa continuaba creciendo. Está comprobado que para el año de 1550, la estirpe hebraica en México superaba el 25 por ciento de la población peninsular (radicada en la capital del virreinato), contando incluso con una comunidad bien formada bajo la dirección de un Gran Rabino.

Al respecto Alicia Gojman cita la obra, Los judíos a través de los siglos, cuyo autor afirma que la población conversa en la ciudad de México durante el siglo XVI, se integraba por unas 300 personas.

Volviendo a la colonia, y a pesar del continuo crecimiento de las comunidades en la Nueva España; muy lejos estaban de considerar aquellos cripto-judíos, cuan penosa jornada les esperaba en estas tierras. Habían abandonado su amada Sefarad buscando un refugio que les librara de la persecución. Habían dejado atrás; enterrado en suelo ibérico, sus seres más queridos, sus raíces. Decenas de generaciones aguardando en sepulcros hispanos el tan prometido y ansiado reino del Mesías y su retorno a Eretz Israel, ignorando intencionalmente (casi de manera ingenua), que el virus antisemita les había acompañado en su travesía hacia América; quizá aquellos con los que convivieron durante el viaje serían sus delatores, o los futuros padres de sus acusadores.

Además, las condiciones para que las comunidades pudieran realmente florecer no eran pro-picias. No era el caso de Italia o algunos otros países, que si bien les marginaron en el gueto, o les obligaron al humillante distintivo étnico; por otro lado les concedían la libertad de practicar su judaísmo; cuestión que terminantemente les era prohibido en la Nueva España ¡a pesar de ello...!

Compilado


miércoles, 31 de julio de 2019

Ateísmo



Negación de Dios.
 (Se diferencia del Agnosticismo.)

Referencia:

-  ¿Dios existe?
-  Argumentos por la existencia de Dios -Daniel Vicente
-  Ateismo en nuestro tiempo, Ignace Lepp.
-  De Karl Marx a Jesucristo, Ignace Lepp.
-  Man's Search for Ultimate Meaning - Viktor E. Frankl
-  Persona y Acción, Karol Wojtyla
Dios inconciente, Unconscious God, Victor Frankl, (Psiquiatra judío de la escuela vienesa, sobrevivió el campo de concentración Nazi)

"Se comienza no creyendo en nada y se acaba por creer cualquier cosa". -Chesterton

El término "ateísmo" se aplica a muy diferentes filosofías y creencias. A los primeros cristianos se les acusó de ser ateos por negarse a dar culto a los dioses.
El nombre de ateísmo abarca fenómenos muy diversos. Una forma frecuente del mismo es el materialismo práctico, que limita sus necesidades y sus ambiciones al espacio y al tiempo. El humanismo ateo considera falsamente que el hombre es "el fin de sí mismo, el artífice y demiurgo único de su propia historia". Otra forma del ateísmo contemporáneo espera la liberación del hombre de una liberación económica y social para la que "la religión, por su propia naturaleza, constituiría un obstáculo,  porque, al orientar la esperanza del hombre hacia una vida futura ilusoria, lo apartaría de la construcción de la ciudad terrena". -Catecismo #2124

El ateísmo puede ser práctico o teórico.

Siglo XVIII.  La negación total de la existencia de Dios es un fenómeno del ateísmo moderno que surgió en la civilización occidental con la Ilustración. (Movimiento filosófico y literario del siglo XVIII caracterizado por la extremada confianza en la capacidad de la razón natural para resolver, sin ayuda de Dios, todos los problemas de la vida humana). El hombre, deslumbrado por los avances en la ciencia y en el saber, pensó que no hay otra realidad sino la material.

Cambios masivos en la política y en la sociedad originados con la Revolución Francesa (1789) llevaron a un sentido de emancipación que rechaza la religión. La Iglesia era percibida como "reaccionaria". Los movimientos independentistas del continente americano en este siglo fueron profundamente influenciados por esta mentalidad.

Siglo XIX. El ateísmo filosófico produjo el "ateísmo humanista" (creencia en la capacidad y el valor del hombre sin Dios).

-Ludwig Fuerbach (m.1872): La conciencia humana es auto-conciencia y Dios no es más que la proyección de la especie humana.

-Karl Marx (m. 1883): La actividad fundamental del hombre es la sensual y esta florece en la práctica revolucionaria. La religión es el resultado de contradicciones en el mundo económico y social que deben ser destruídas por la revolución. De ese modo se eliminará a Dios que es una alienación. La filosofía de Marx inspiró las revoluciones comunistas que, comenzando por Rusia, han producido regímenes de terror en diversas partes del mundo.

-Friedrich Nietzche (m.1900): La realidad central del hombre es la ambición del poder. Dios es un factor que limita que el hombre se desarrolle en el Uber-mensch (super-hombre). Anunció la realidad cultural de la muerte de Dios: "La creencia en el Dios de los cristianos ya no es creíble". Al final del siglo XIX el ateísmo definía a Dios como "anti-humano".

Siglo XX.

-Sigmund Freud (m.1939):  Aunque técnicamente se consideraba agnóstico, también percibía al Dios providencial como una "proyección de edipo" de la debilidad humana que busca la figura del padre protector y amenazante.

Complejo de Edipo: En el psicoanálisis, inclinación sexual del hijo hacia el progenitor del sexo contrario, acompañado de hostilidad hacia el del mismo sexo. Refiriéndose a las niñas suele llamarse complejo de Electra.

Freud rechazó todo lo que no se pudiese someter al laboratorio. Sin embargo nunca se tomó el interés de investigar los milagros, por ejemplo, las curaciones acontecidas en el santuario de Lourdes. Prefirió rechazar estos milagros a pesar de que habían sido confirmados por respetables médicos. Quiso establecer sus teorías a espaldas de Dios y, lamentablemente, este prejuicio ha tenido una gran influencia en las ciencias sociales desde el siglo XX.

Los filósofos existenciales

-Jean-Paul Sartre (m.1980) perciben a Dios como una contradicción y una limitación intolerable a la auténtica libertad humana. Antes de morir se abre a Dios.

-Los positivistas dicen que todo lo que se diga sobre Dios es tontería.

En los últimos 300 años del milenio, ha ido creciendo vertiginosamente el número de los que se denominan ateos o agnósticos. Muchos otros, llevados por una total indiferencia, ni siquiera toman una posición ante Dios. Esta tendencia ha tenido profundo impacto en la cultura y ha engendrado lo que Juan Pablo II llama "la cultura de la muerte": la negación del valor intrínseco de la vida humana.
"Muchos de nuestros contemporáneos no perciben de ninguna manera esta unión íntima y vital con Dios o la rechazan explícitamente, hasta tal punto que el ateísmo debe ser considerado entre los problemas más graves de esta época". -Catecismo # 2123

Posición de la Iglesia

Rechazar la existencia de Dios es un pecado contra el Primer Mandamiento. (Catecismo en #2123).
San Pablo encuentra culpabilidad en la posición atea: En efecto, la cólera de Dios se revela desde el cielo contra toda impiedad e injusticia de los hombres que aprisionan la verdad en la injusticia; pues lo que de Dios se puede conocer, está en ellos manifiesto: Dios se lo manifestó.
    
Porque lo invisible de Dios, desde la creación del mundo, se deja ver a la inteligencia a través de sus obras: su poder eterno y su divinidad, de forma que son inexcusables;  porque, habiendo conocido a Dios, no le glorificaron como a Dios ni le dieron gracias, antes bien se ofuscaron en sus razonamientos y su insensato corazón se entenebreció: jactándose de sabios se volvieron estúpidos, y cambiaron la gloria del Dios incorruptible por una representación en forma de hombre corruptible, de aves, de cuadrúpedos, de reptiles. Por eso Dios los entregó a las apetencias de su corazón hasta una impureza tal que deshonraron entre sí sus cuerpos; a ellos que cambiaron la verdad de Dios por la mentira, y adoraron y sirvieron a la criatura en vez del Creador, que es bendito por los siglos. Amén. (Romanos 1,18-25) 

Catecismo de la Iglesia Católica sobre el ateísmo:

2125 En cuanto rechaza o niega la existencia de Dios, el ateísmo es un pecado contra la virtud de la religión. La imputabilidad de esta falta puede quedar ampliamente disminuida en virtud de las intenciones y de las circunstancias. En la génesis y difusión del ateísmo "puede corresponder a los creyentes una parte no pequeña; en cuanto que, por descuido en la educación para la fe, por una exposición falsificada de la doctrina, o también por los defectos de su vida religiosa, moral y social, puede decirse que han velado el verdadero rostro de Dios y de la religión, más que revelarlo".

2126 Con frecuencia el ateísmo se funda en una concepción falsa de la autonomía humana, llevada hasta el rechazo de toda dependencia respecto a Dios.  Sin embargo, "el reconocimiento de Dios no se opone en ningún modo a la dignidad del hombre, ya que esta dignidad se funda y se perfecciona en el mismo Dios". "La Iglesia sabe muy bien que su mensaje conecta con los deseos más profundos del corazón humano".

Los creyentes también somos culpables si damos mal ejemplo o falsificamos la doctrina.

Las Encíclicas sobre justicia social han condenado el ateísmo práctico de la explotación económica y la injusticia social. Esta enseñanza ha sido incorporada al Catecismo:

2424 Una teoría que hace del lucro la norma exclusiva y el fin último de la actividad económica es moralmente inaceptable. El apetito desordenado de dinero no deja de producir efectos perniciosos. Es una de las causas de los numerosos conflictos que perturban el orden social. Un sistema que "sacrifica los derechos fundamentales de la persona y de los grupos en aras de la organización colectiva de la producción" es contrario a la dignidad del hombre. Toda práctica que reduce a las personas a no ser más que medios con vistas al lucro esclaviza al hombre, conduce a la idolatría del dinero y contribuye a difundir el ateísmo. "No podéis servir a Dios y al dinero" (Mt:6:24; Lc.16: 13).

2425 La Iglesia ha rechazado las ideologías totalitarias y ateas asociadas en los tiempos modernos al "comunismo" o "socialismo". Por otra parte, ha rechazado en la práctica del "capitalismo" el individualismo y la primacía absoluta de la ley de mercado sobre el trabajo humano. La regulación de la economía por la sola planificación centralizada pervierte en su base los vínculos sociales; su regulación únicamente por la ley de mercado quebranta la justicia social, porque "existen numerosas necesidades humanas que no pueden ser satisfechas por el mercado"[160]. Es preciso promover una regulación razonable del mercado y de las iniciativas económicas, según una justa jerarquía de valores y con vistas al bien común.

El Concilio Vaticano II trata sobre ateísmo en La Constitución Dogmática; en La Iglesia en el Mundo Moderno #19-21. 
POSICIÓN CATÓLICA

viernes, 28 de junio de 2019

Modernismo Teológico

Un café...
En la historia del catolicismo el término modernismo sirvió, y sirve aún, para referirse a la tendencia en un cierto pensamiento católico a considerar a la Iglesia y a sus dogmas como instituciones humanas, portadoras de rasgos debidos a su contexto histórico, y no menos necesitadas que otras de ser revisadas y reformadas. El término se usa con una intención peyorativa por los adversarios de esta posición, entre los que destaca el papa Pío X, en cuyo tiempo y bajo cuya dirección la Iglesia emprendió una campaña para combatirlo. El modernismo fue condenado categóricamente por San Pío X, sin dejar lugar a dudas o a reconciliaciones: lo definió como el «conjunto de todas las herejías».1
El primer uso en un sentido equivalente al indicado lo hizo Henri Xavier Périn, profesor de la Universidad Católica de Lovaina a finales del siglo XIX, quien lo definió como una “ambición de eliminar a Dios de toda la vida social” y relacionándolo con “las tendencias humanitarias de la sociedad contemporánea”.
Antecedentes
El historiador Ricardo de la Cierva considera como iniciadores de este movimiento a Alfred Loisy (1857-1940) y a George Tyrrell (1861-1909).2​ Loisy fue discípulo del exegeta bíblico Louis Duchesne. Duchesne y del padre Lagrange, fundador en 1890 de la Escuela bíblica y arqueológica francesa de Jerusalén, habían suscitado un movimiento crítico en Francia considerado por la Curia romana como anarquía intelectual, hacia el cual el papa León XIII había expresado sus reservas.
La lucha contra el modernismo puede verse como un momento en el repliegue que la Iglesia inició al perder, a mediados del siglo XIX, la mayor parte de su cuota de poder temporal, por el avance del liberalismo y el «régimen popular» y con la incorporación de los Estados Pontificios al nuevo estado italiano. A la vez estaba decreciendo su influencia sobre la población, sobre las clases populares por el avance de las organizaciones e ideas socialistas y anarquistas, y sobre las clases medias por el dominio del liberalismo político.
La publicación de El origen de las especies por Darwin en 1859 ofreció la perspectiva de alcanzar una explicación naturalista del origen del hombre y sus atributos, convirtiendo también en esto a Dios en una hipótesis innecesaria.3
Aunque los antecedentes remotos [del modernismo] haya que buscarlos en el racionalismo, en el subjetivismo y en el relativismo, su partida de nacimiento próxima hay que situarla en torno a la Escuela Superior de Teología creada en París en el año 1878.
H. Masson, voz: Modernismo.4
La Iglesia reaccionó proclamando formalmente la autoridad del magisterio y absolutizando el poder del papa, con la definición dogmática de la infalibilidad papal por el Concilio Vaticano IPío IX había publicado en 1864 su Syllabus, apéndice a la encíclica Quanta Cura, donde en 80 proposiciones condenaba numerosas innovaciones políticas y filosóficas de la era moderna.
Pío X
El papa Pío X, luego canonizado, publicó en 1907 un decreto, Lamentabili sane exitu, en el que se refirió a que «el hecho de que muchos autores católicos vayan también más allá de los límites marcados por los Padres y la propia Iglesia es extremadamente lamentable».
Ya en el Syllabus de 1864 se enumeran y son condenadas 65 opiniones modernistas. La proposición condenada nº 11, por ejemplo, dice: “La inspiración divina no se extiende a todas las escrituras, de manera tal que haga a sus partes, a todas y cada una de ellas, desprovistas de cualquier clase de error”. La proposición condenada número 64 dice: “El progreso científico exige que los conceptos de la doctrina cristiana relativos a Dios, la creación, la revelación, la Persona del Verbo Encarnado y la Redención sean reajustados”.
En la encíclica Pascendi, también de 1907, Pío X declaraba que el modernismo era algo más que una herejía, era la síntesis de todas las herejías, porque en vez de proclamar un error, abría paso a todos ellos.
El centro de la disputa se situó en Francia e Inglaterra, así como en Italia, donde una parte del clero joven sentía esas inclinaciones. La mayoría de los llamados modernistas se consideraban fieles a la Iglesia, y rechazaban las acusaciones que los relacionaban con un protestantismo liberal como el de la escuela de Tubinga. Muchas de las ideas contra las que la Iglesia Católica estaba reaccionando, habían penetrado en la cultura europea en el Renacimiento humanista y habían alcanzado una posición de preeminencia desde la Ilustración. Pío X se refería al modernismo no como una simple orientación herética del pensamiento cristiano, sino como una verdadera conspiración organizada contra la Iglesia.5
Como parte de la política antimodernista de Pío X, la Sagrada Congregación del Santo Oficio revisó el Index añadiendo obras tachadas de modernistas y se produjeron excomuniones. En 1910 Pío X promulgó el motu proprio Sacrorum Antistitum, conocido como «Juramento antimodernista», que debía ser pronunciado por cualquiera que quisiera conservar o acceder a un oficio eclesiástico, incluida la docencia en teología. Algunas sociedades católicas exigen aún a sus miembros la pronunciación del juramento.
En 1907 Monseñor Begnini, miembro de la Secretaría de Estado, había puesto en marcha una sociedad secreta, el Sodalitium Pianum (Cofradía de Pío), denominado así en honor de Pío V y conocido también con el nombre francés de La Sapinière. Extendió su actividad por toda Europa, teniendo como misión la detección de modernistas en las filas de la Iglesia y recurriendo a la inducción a la delación.6
Innumerables seminaristas, profesores, curas, párrocos y obispos fueron delatados o investigados por heterodoxia doctrinal. Los arzobispos de Viena y París fueron denunciados, como lo fue la totalidad de la comunidad de dominicos que enseñaban en el Albertinum de la Universidad de Friburgo (Suiza). Los «delitos» iban desde las menciones favorables a la democracia cristiana hasta llevar bajo el brazo un periódico de talante liberal o ser visto en compañía de un supuesto modernista. Pronunciar un sermón de tendencia heterodoxa podía llevar a una denuncia, seguida de la destitución de un puesto de responsabilidad para ir a regentar una parroquia de pueblo.
Secuelas
Varios momentos de la historia de la Iglesia Católica en el siglo XX y hasta la actualidad, pueden verse desde el prisma del enfrentamiento entre modernistas y sus adversarios tradicionalistas (o integristas, un término surgido como antitético de modernista). El concilio Vaticano II fue vivido por muchos cristianos como una positiva adaptación intelectual y moral “al signo de los tiempos” y a las ideas humanistas, mientras que para los críticos representó, como mínimo en la práctica, una concesión al protestantismo y al secularismo. La reacción más radical contra el aggiornamento del Concilio, la representa la Hermandad Sacerdotal San Pío X, fundada por el arzobispo Marcel Lefebvre, en cuyo manifiesto fundacional se acusa a la reforma conciliar de que “habiendo surgido del liberalismo y el modernismo, está toda entera envenenada”. Actualmente, los teólogos modernistas consideran "rigorismo moral" la doctrina de la Iglesia en relación con la homosexualidad y el divorcio. Por otro lado, propugnan una cierta democracia dentro de la Iglesia, que sean los laicos quienes decidan qué sacerdotes y obispos ocupan cargos importantes, y que la ley del celibato sacerdotal sea eliminada. Además, de acuerdo con estas propuestas, existen posturas como la defendida por la teóloga argentina Elizabeth Stocks que busca la inclusión de mujeres como guías espirituales.
Bibliografía
·         Dominique Bourmaud (2006). Cien años de modernismo. Genealogía del concilio Vaticano II. Ediciones Fundación San Pío X. ISBN 950-99434-5-2.
·         Ricardo de la Cierva (1996). Las puertas del infierno. La historia de la Iglesia jamás contada. Editorial Fénix, Serie Máxima. ISBN 84-88787-06-5.
·         Ramón García de Haro de Goytisolo (1972). Historia Teológica del Modernismo. Ediciones de la Universidad de Navarra. ISBN 978-84-313-0199-6.
Notas
1.     San Pío X, Pascendi Dominici gregis, 38
2.     Las puertas del infierno. La historia de la Iglesia jamás contada, página 226
3.     D. C. Dennett (1995). Darwin’s dangerous idea: evolution and the meanings of life. New York; Simon & Schuster. ISBN 0684802902.
4.     Hervé Masson (1989). Manual de Herejías (Dictionnaire des hérésies dans l'Église catholique). Madrid: Rialp. p. 231. ISBN 8432125172.
5.     M. R. O’Connell, (1994). Critics on trial: an introduction to the catholic modernist crisis. Washington, D. C.; Catholic University of America.
6.     Léase, G. (1996). «Practices of denunciation in modern european history, 1789-1989.». The Journal of Modern History, 68 (4): 819-830.


miércoles, 19 de junio de 2019

¿Qué creía la Iglesia primitiva acerca de las Sagradas Escrituras?



("Sola Scriptura", que es el latín para referirse a las Escrituras como la única autoridad de inspiración divina.)

En el Siglo XVI, el movimiento de Reforma fue responsable de la restauración del principio de "Sóla Scriptura" a la Iglesia, principio que había estado operando en la Iglesia desde los mismos comienzos de la era post-apostólica.

En un principio, los apóstoles enseñaron oralmente, pero al cerrarse la era apostólica, toda la revelación especial que Dios quiso preservar fue cifrada en lo que conocemos como "las Escrituras". "Sóla Scriptura" es la enseñanza fundada en las mismas Escrituras que dice que sólo hay una revelación de Dios que el hombre posee en la actualidad, las Sagradas Escrituras, o la Biblia.

Por lo tanto, las Escrituras son materialmente suficientes, y por su misma naturaleza, (al ser inspiradas por Dios) la autoridad definitiva para la Iglesia. Esto quiere decir que no existe ninguna porción de esa revelación que haya sido presentada en forma de tradición oral independiente de las Escrituras. En la actualidad no tenemos ninguna enseñanza oral de los apóstoles. Por lo tanto, sólo las Escrituras registran para nosotros las enseñanzas apostólicas y la revelación definitiva de Dios.

Cuando comenzaron los errores- El concilio de Trento negó la suficiencia de las Escrituras.

El concilio de Trento en el siglo XVI declaró que la revelación de Dios no estaba contenida solamente en las Escrituras. Declaró que en parte está contenida en las Sagradas Escrituras y en parte en la tradición; por lo tanto, materialmente las Escrituras no eran suficientes.

Está fue la postura de la iglesia católica romana durante varios siglos después del concilio de Trento. Sin embargo, es interesante notar que dentro del círculo católico romano, en la actualidad existe un debate acerca de la naturaleza de la tradición. No existe una clara comprensión sobre lo que es la tradición en el catolicismo romano. En la actualidad algunos aceptan la propuesta surgida del Concilio de Trento y otros la rechazan.

Los padres apostólicos y los apologistas sostuvieron la autoridad de "Sóla Scriptura."

El punto de vista promovido por el concilio de Trento estaba en directa contradicción con lo que creía y practicaba la Iglesia Primitiva. La Iglesia Primitiva siempre sostuvo el principio de "Sóla Scriptura." Sostenía que todas las doctrinas deberían ser sometidas a la prueba de las Escrituras y si la doctrina no lograba pasar el examen, entonces debería ser rechazada.

Los padres de la Iglesia Primitiva (Ignacio, Policarpo, Clemente, La Didáctica y Bernabé) enseñaron doctrina y defendieron el cristianismo en contra de las herejías. Al hacer esto, su única fuente de autoridad fueron las Escrituras. En sus escritos, se hacía sentir, literalmente, el espíritu del Antiguo y Nuevo Testamento. En los escritos de los apologistas, tales como Justino Mártir y Atenágoras, se puede encontrar el mismo principio. En ninguno de estos escritos, los autores apelan a la tradición como un instrumento separado e independiente de revelación.

Ireneo y Tertuliano mantuvieron la autoridad de Sóla Scriptura.

Es con los escritos de Ireneo y Tertuliano, en la segunda mitad del siglo segundo, cuando encontramos, por primera vez, el concepto de Tradición Apostólica (supuestamente la tradición heredada a la Iglesia por los apóstoles en forma oral). La palabra "tradición" simplemente significa enseñanza. Ireneo y Tertuliano enfatizaron que todas las enseñanzas de los obispos fueron generalmente entregadas verbalmente y estuvieron arraigadas en las Escrituras y que podían ser probadas por los Escritos impresos.

Ambos maestros proporcionan el contenido doctrinal real de la Tradición Apostólica que fue predicada en las Iglesias. A partir de eso podemos claramente ver que toda la doctrina era extraída de las Escrituras. No existe doctrina a la que ellos se refieran como tradición apostólica que no estuviera bien fundada en las Escrituras.

En otras palabras, la Tradición Apostólica, definida por Irenéo y Tertuliano es simplemente la enseñanza de las Escrituras. Fue Irenéo quien estableció que mientras los apóstoles predicaron oralmente en un principio, sus enseñanzas fueron más tarde sometidas a la autoridad de lo registrado en las Escrituras. A partir de entonces, las Escrituras se han convertido en el pilar y la norma de la fe de la Iglesia. La declaración exacta es como sigue:

"De nadie más hemos conocido el plan de nuestra salvación, que de aquellos a través de los cuales el evangelio ha llegado hasta nosotros, los cuales en su tiempo predicaron en público, y en tiempos más recientes, por la voluntad de Dios, nos han dejado las Escrituras, para que sean la raíz y el pilar de nuestra fe". [1]

La Tradición, en referencia a la proclamación oral, tal como la predicación o la enseñanza, era vista primordialmente como una presentación oral de la verdad extraída de La Escritura, codificando la verdad bíblica en una expresión de credo. En los escritos de Irenéo o Tertuliano no se hace ninguna apelación a la tradición en asuntos de doctrina que no estén bien fundadas en las Escrituras.

Por el contrario, estos hombres tuvieron que luchar en contra de los agnósticos, quienes fueron los primeros en aseverar y enseñar que ellos poseían una Tradición Oral Apostólica la cual operaba independientemente de las Sagradas Escrituras. Irenéo y Tertuliano rechazaron esas pretensiones y apelaron únicamente a las Escrituras para la proclamación y defensa de la doctrina. La historiadora de la Iglesia, Ellen Flessman-van Leer confirma este hecho:

"Para Tertuliano, las Escrituras son el único medio de refutar o validar una doctrina en cuanto a su contenido. Para Ireneo, con toda certidumbre, la doctrina de la Iglesia nunca es simple tradición. Por el contrario, la noción de que pueda existir alguna verdad transmitida exclusivamente de "viva voce" (oralmente) corresponde a la línea de pensamiento de los gnósticos... Si Irenéo quiere probar la verdad de una doctrina, materialmente acude a las Escrituras, porque a través de ellas, las enseñanzas de los apóstoles son asequibles objetivamente. La prueba de la tradición y la Escritura sirve para uno y el mismo fin: identificar las enseñanzas de la Iglesia como las enseñanzas apostólicas originales. La primera establece que la enseñanza de la iglesia son éstas enseñanzas apostólicas." [2]

La Biblia siempre fue la autoridad máxima para la Iglesia Primitiva. Siempre fue suficiente y el árbitro oficial en todos los asuntos de verdad doctrinal, tal y como J.N.D. Kelly lo ha hecho notar:

"La más clara muestra de prestigio que posean las Escrituras, es el hecho de que si todos los esfuerzos teológicos de los Padres de la Iglesia han sido polémicos o constructivos en sus fines, siempre han sido dirigidos a la exposición de la Biblia. Además, de todos era bien sabido que, para que cualquier doctrina obtuviera aceptación, primero tenía que establecer su base doctrinal." [3]

Heiko Oberman comenta acerca de la relación entre la Escritura y la tradición en la Iglesia Primitiva:

"La Escritura y la tradición en ningún sentido fueron mutuamente exclusivas: Kerigma (el mensaje del evangelio), la Escritura y la tradición coinciden enteramente. La Iglesia predicó el Kerigma, el cual se encuentra en su totalidad, en forma escrita en los libros canónicos. La tradición no fue entendida como una adición al Kerigma contenido en la Escritura, sino como una manera de retransmitir el mismo Kerigma en forma viva; en otras palabras, todo tenía que ser confirmado por la Escritura, y a la vez todo era una tradición viviente." [4]

Cirilo de Jerusalén se aferró a "Sóla Scriptura".

El hecho de que la Iglesia Primitiva fuera fiel al principio de "Sóla Scriptura" está claramente determinado en los escritos de Cirilo de Jerusalén (el obispo de Jerusalén en la mitad del siglo IV). El es el autor de lo que se conoce como las Conferencias Catequistas. Esta obra consiste en una extensa serie de conferencias ofrecidas a los nuevos creyentes, exponiendo la doctrina principal de la fe. Se trata de una explicación completa de la fe de la Iglesia en su tiempo. Sus enseñanzas están absolutamente basadas en la Escritura. El caso es que en la totalidad de las conferencias, no hay ni una apelación en favor de una tradición oral que sea independiente de las Escrituras.

Establece, en términos explícitos, que si el mismo presentara algún tipo de enseñanza a los catecúmenos, la cual no pudiera ser validada por las Escrituras, ellos deberían rechazarla. Esto confirma que su autoridad como obispo estaba sujeta a su aceptación de lo plasmado en las Escrituras, para cada una de sus enseñanzas. Los siguientes fragmentos de sus conferencias son representativos de que sus enseñanzas estaban basadas en la autoridad de la Escritura.

"Que este celo siempre permanezca en tu mente, el cual ahora, a manera de resumen, ha sido colocado en vuestras cabezas; y si el Señor lo permite, de aquí en adelante, será enarbolado de acuerdo con nuestras fuerzas, con prueba de las Escrituras. Porque, en cuanto a los divinos y sagrados misterios de la fe, es nuestro deber no hacer ni la más pequeña aseveración sin someterla a las Sagradas Escrituras, ni ser desviados por meras posibilidades y artificios de argumentos. Entonces no me crean por cuanto les digo estas cosas, a menos que lo que oigan esté bien reforzado por las pruebas de las Sagradas Escrituras en todo lo que se les presente; porque esta salvación, la cual tenemos por la fe, no es el resultado de razonamientos ingeniosos, sino por la prueba de las Sagradas Escrituras". [5]

"Pero mientras avanzas en aquello que estudias y profesas, toma y aférrate sólo a esa fe. la cual la Iglesia te enseña y que ha sido basada en las Escrituras. Sin embargo, ya que no todos pueden tener acceso a las Escrituras, unos por ignorancia y otros por los afanes de la vida, lo cierto es que el conocimiento de las mismas queda fuera del alcance de ellos; así que, para que sus almas no perezcan por falta de instrucción, por medio de algunos Artículos de Fe, que son pocos, logramos entender toda la doctrina de la fe. Por eso, en un principio está bien recurrir a la memoria para los asuntos de la fe sólo escuchando las palabras, con la esperanza de que en el tiempo oportuno, puedas corroborar cada uno de estos Artículos de Fe por medio de las Sagradas Escrituras; pues los Artículos de Fe no fueron elaborados al antojo de los hombres, sino que los puntos más importantes han sido seleccionados de toda la Escritura. Y así, como la semilla de mostaza en su pequeño grano contiene muchas ramas, también esta fe, en pocas palabras ha desarrollado en su seno todo el conocimiento de la dedicación a Dios contenida en ambos, el Antiguo y el Nuevo Testamento. Así que, hermanos, retengan las tradiciones que ahora reciben y escríbanlas en las tablas de sus corazones." [6]

Por favor note que en el pasaje anterior, Cirilo establece que los catecúmenos deben recibir la tradición, y los exhorta a mantenerse en esas tradiciones, las cuales ahora están recibiendo. ¿De qué fuente se deriva está tradición? Está claro que la enseñanza o tradición, o revelación de Dios se deriva de La Escritura, la cual fue puesta en manos de los apóstoles y transferida a la Iglesia, y la que ahora sólo es asequible a través de "Sóla Scriptura." Es muy significativo que Cirilo de Jerusalén, quien está comunicando la totalidad de la fe a estos nuevos creyentes, no hace ninguna apelación a la tradición oral para apoyar a sus enseñanzas. La totalidad está firmemente arraigada en la Escritura y únicamente las Escrituras.

Gregorio de Nisa se aferró a la "Sóla Scriptura".

Gregorio de Nisa también enunció este principio. El estableció:

"La generalidad de los hombres aún fluctúan en sus opiniones, las cuales son tan equivocadas como numerosas. En cuanto a nosotros, si la filosofía ajena a las doctrinas judeo-cristianas, la cual trata metódicamente con todos estos puntos, fuera realmente adecuada para una demostración, con certeza sería superfluo añadir mayor discusión sobre el alma a esas especulaciones. Pero aunque esas especulaciones en cuanto al tema del alma, llegan tan lejos en la dirección de las supuestas conclusiones que satisfacen al pensador, nosotros no estamos autorizados a tomar tal licencia; no podemos tomar la libertad de aseverar algo solo porque satisface nuestro capricho. En cambio, nosotros hacemos que las Sagradas Escrituras sean la regla y la medida de cada postulado. Necesitamos fijar nuestros ojos en eso, y solo aprobar lo que armoniza la intención de las Escrituras." [7]

La Iglesia Primitiva Operaba Bajo La Base De "Sóla Scriptura".

Las citas anteriores son simplemente representaciones de la Iglesia de los primeros Padres en general. Cipriano, Orígenes, Hipólito, Atanasio, Firmilian y Agustín son sólo algunos de los que podrían ser citados como proponentes del principio de "Sóla Scriptura" agregados a los de Tertulian, Irenéo y Cirilo de Nisa. La Iglesia primitiva operaba bajo la base del principio de la "Sóla Scriptura". Este fue el principio que los reformadores buscaban restaurar a la Iglesia. El extremo uso de La Escritura por los Padres de la Iglesia Primitiva, desde sus inicios es observado en los siguientes hechos.

Ireneo: Conoció a Policarpo, quien fue discípulo del Apóstol Juan. Vivió entre el año 130 y 202 d.C. Citó veinticuatro de los veintisiete libros del Nuevo Testamento, tomando más de mil ochocientas citas del Nuevo Testamento.

Clemente de Alejandría: Vivió entre el año 150 y el 215 d. C. Citó todo los libros del N. T., con excepción de Filemón, Santiago y 2da. de Pedro. Usa un total de dos mil cuatrocientas citas del Nuevo Testamento.

Tertuliano: Vivió entre el año 160 y el 220 d. C. Citó siete mil doscientas veces el Nuevo Testamento.

Orígenes: Vivió del año 185 al 254 d. C. Fue el sucesor de Clemente de Alejandría en la Escuela de Catecúmenos en Alejandría. El citó aproximadamente dieciocho mil veces el Nuevo Testamento. Al final del siglo III, la totalidad del Nuevo Testamento podría ser reconstruido virtualmente a partir de los escritos de los padres de la Iglesia.

Prácticas y costumbres de la tradición apostólica oral

Es verdad que la Iglesia primitiva también ha sostenido el concepto de tradición en referencia a la costumbre y prácticas eclesiásticas. Se creía, frecuentemente, que tales prácticas habían sido heredadas de los apóstoles, aún cuando no podían ser necesariamente validadas por las Escrituras. Esta práctica, sin embargo, no involucraban la doctrina de la fe y frecuentemente eran contradictorios entre los diferentes segmentos de la Iglesia.

Un ejemplo de este se encuentra en los inicios del segundo siglo en la controversia sobre cuando celebrar la Resurrección. Algunas iglesias del Este la celebraban en días diferentes de aquellos del Oeste, pero cada una aseguraba que su práctica particular había sido heredada directamente de los apóstoles. En realidad, esto creó un conflicto entre el obispo de Roma, el cual exigía que los obispos del Este se sometieran a la práctica del Oeste. Ellos rehusaron, creyendo firmemente que estaban cumpliendo con la tradición apostólica.

¿Cuál es la correcta? No hay manera de determinar cual, si es que alguna en verdad tenía sus orígenes en los apóstoles. Es interesante, sin embargo, que uno de los proponentes del punto de vista del Este era Policarpo, quien fue un discípulo del Apóstol Juan. Existen otros ejemplos de este tipo en la historia de la Iglesia. Sólo porque un padre de la Iglesia determinado asegura que una práctica particular es de origen apostólico, no significa necesariamente que lo es; lo que significa es que él cree que sí lo es. Pero no existe ninguna manera de verificar si en realidad fue una tradición dejada por los Apóstoles.

Existen numerosas prácticas en las que la Iglesia primitiva participaba, las cuales se creían que eran de origen apostólico (enumeradas por Basilio el Grande), pero que nadie practica el día de hoy. Es claro, por lo tanto, que tales llamados a la tradición apostólica oral que se refiere a la costumbre y práctica no contienen significado alguno.

Los reclamos de la I. C. R. a la tradición como autoridad, no son válidos.

La Iglesia Católica Romana establece que posee una tradición oral apostólica independiente de las Escrituras, la cual sujeta a todos los hombres. Este reclamo apela a la afirmación de San Pablo en II de Tesalonicenses 2:15: "Así que, hermanos, estad firmes y retened la doctrina que habéis aprendido, sea por palabra o por carta nuestra." Roma asegura que basados en la enseñanza de Pablo en este pasaje, la enseñanza de "Sola Escritura" es falsa, puesto que él dejó enseñanzas a los Tesalonicenses en varias formas, oral y escritas. Sin embargo, lo interesante en tales aseveraciones es que los apologistas de la Iglesia Romana nunca documentan las doctrinas específicas a la que se refiere Pablo, las cuales ellos afirman que poseen, y a las cuales aseveran ellos, los hombres tienen la obligación de sujetarse. Desde los escritos de Francisco de Sales, a los escritos de Karl Keating y Robert Sungenis, existe una clara ausencia de documentación de tales doctrinas a las cuales el Apóstol Pablo se refiere.

Sungenis editó recientemente una obra en defensa de la posición de la Iglesia Católica Romana acerca de la tradición titulada No sólo por las Escrituras: se le considera como una refutación definitiva a las enseñanzas protestantes de "Sóla Scriptura". Su libro consta de 627 páginas. Ni una sola vez, en todo el libro, el autor define el contenido doctrinal de esta supuesta tradición apostólica que sujeta a todos los hombres. Aún así, se nos afirma que existe, que la Iglesia Católica Romana la posee, y todos estamos bajo la obligación de someternos a ella, porque sólo esta Iglesia posee la plenitud de la revelación de Dios de los apóstoles.

Lo que Sungenis y otros autores Católicos Romanos fallan en definir es el contenido y la doctrina específica de la supuesta tradición apostólica. La razón por la cual no lo revelan es simple y sencillamente porque no existe. Si tal tradición existiera y fuera de tal importancia, ¿Por qué Cirilo de Jerusalén no lo mencionó en sus Conferencias Catequistas?

Desafiamos a cualquiera a proporcionar una lista de las doctrinas a las que supuestamente Pablo se refiere en II de Tesalonicenses 2:15 y que dice que ha proporcionado oralmente a los Tesalonicenses. La única revelación especial que el hombre posee hoy en día de Dios y que fue entregada a los apóstoles es la de las Sagradas Escrituras.

Esto era lo que creía y practicaba la Iglesia Primitiva. Este mismo principio fue al que se adhirieron los reformadores. Ellos buscaban restaurarlo a la Iglesia después de que la corrupción doctrinal se había infiltrado a través de la puerta de la tradición.

La enseñanza de un cuerpo separado de la revelación apostólica conocido como Tradición, que es oral en naturaleza, no fue originada en la Iglesia Cristiana, sino en el Gnosticismo. Fue un atentado de los gnósticos, quienes buscaban aumentar su autoridad afirmando que las Escrituras no eran suficientes. Ellos aseguraban que poseían la entera revelación apostólica porque tenían, no sólo la revelación escrita de los apóstoles en las Escrituras, sino también la tradición oral, además la clave para interpretar y entender esa revelación.

De la misma manera que los Padres de la Iglesia Primitiva repudiaron las enseñanzas y reclamos sostenidos por una dependencia exclusiva en la tradición, y apelaron a la autoridad de lo registrado en las Sagradas Escrituras, así también, debemos hacerlo nosotros.

"Mis ovejas oyen mi voz y yo las conozco, y me siguen" San Juan 10:27. 

Notas:

1.            Alexander Roberts y James Donaldson, editores, Ante-Nicene Fathers (Los Padres Ante-Niceno.) (Peabody: Hendriksen, 1995) Vol. 1, Irenaeus, "Against Heresies" ("En contra de las herejías") 3.1.1, p. 414. [up]

2.            Ellen Flessman-van Leer, Tradition and Scripture in the Early Church (La Escritura y la Tradición en la Iglesia Primitiva) (Assen: Van Gorcum, 1953) pp. 184, 133, 144. [up]

3.            J. N. D. Kelly, Early Christian Doctrines (Las Doctrinas Cristianas Primitivas) (San Francisco: Harper & Row, 1978), pp. 42, 46. [up]

4.            Heiko Oberman, The Harvest of Medieval Theology (La Cosecha de la Teología Medieval) (Cambridge: Harvard University, 1963), p. 366. [up]

5.            A Library of the Fathers of the Holy Catholic Church (Una Biblioteca de la Santa Iglesia Católica) (Oxford: Parker, 1845), "The Catechetical Lectures of S. Cyril" ("Las Conferencias Catequistas de San Cirilo") Lecture 4.17. [up]

6.            Ibid. Conferencia 5.12. [up]

7.            Philip Schaff y Henry Wace, editores, Nicene and Post-Nicene Fathers (Los Padres del Niceno y Post-Niceno) (Peabody: Hendriksen, 1995) Segunda Serie: Volume V, Gregorio de Nisa: Los Tratados Dogmáticos "On the Soul and the Resurrection" ("Sobre el Alma y la Resurrección"), p. 439. [up]