martes, 29 de marzo de 2022

La violencia del "pacifismo" cristiano

 

El error de "poner la otra mejilla"

Uno de los legados más peligrosos que nos ha dejado el cristianismo es el "pacifismo". Se trata de una doctrina de corte moralista que funciona para mantener el poder y statu quo de quienes ejercen violencia.

El pacifismo nos dice que cuando alguien nos oprime, lastima y violenta nuestro deber moral es mantener en alto nuestro espíritu y soportar todas las ofensas y agresiones. Mientras más nos lastimen, ¡más amor demostraremos si soportamos la tribulación! (Col 3:13; 2 Co 4:17-18).

El pacifismo cristiano pone en riesgo la vida de las personas cuando se les enseña que antes de intentar defenderse del agresor, deben "poner la otra mejilla" (Mateo 5:39), que se entiende, desde una pésima exégesis, como permitir que te golpeen de nuevo.

[Poner la otra mejilla es voltear el rostro para reconocer al agresor y plantar defensa. Así lo hizo Jesús cuando uno de los guardias lo abofeteó, no se dejó pegar de nuevo, puso la otra mejilla respondiéndole - Jn 18:23].

Según el pacifismo cristiano, ¡es horrible que quieras defenderte! ¡Qué escándalo que te rebajes a responder con "violencia" a quien te está agrediendo! Es mejor que tu agresor te mate, y con eso honres el nombre de Cristo, que cometer el pecado de haber reaccionado. 

"Vence con el bien el mal" (Ro 12:21), dice el pacifista y con esto quiere decir que ¡siempre debes ser buena persona! Y quejarte, protestar, defenderte, meter las manos en contra de un agresor te hace mala persona. Te rebaja a su nivel de maldad. ¿Qué no entiendes que es mejor morir siendo bueno? ¡No te defiendas!

Esta ideología pacifista es el deleite de gobiernos y autoridades. Saben que por más mal que actúen, el deber cristiano del pueblo siempre es callar, aguantar y orar por ellos (1 Ti 2:1).

Protestar, no solo de voz, sino físicamente es el pecado imperdonable para este pacifismo cristiano. Un cristiano nunca debe recurrir a la "violencia" por más que esté siendo agredido, un cristiano debe sufrir y confiar en Dios.

Porque "la violencia genera más violencia"

Pero quiero agregar algo: Callar, aguantar y "perdonar" a un agresor, ¡es lo que de verdad genera la violencia! Si alguien te pega una vez, es violencia, si, cristianamente pones la otra mejilla y te dejas golpear dos veces, ¡la violencia aumentó! Y si tras la segunda viene una tercera, una cuarta...

No ponerle un alto al agresor es el verdadero ciclo de violencia que reproduce el pacifismo cristiano.

Ya sea en forma de bullying, acoso, agresiones, violencia institucional y política; y sean personas, organismos o gobiernos quienes ejerzan la violencia, ¡basta de ese pacifismo cristiano! Basta del moralismo de "guardar las formas".

¡Basta de pretender que sufrir violencia con resignación es una victoria moral! Hay que quejarnos, protestar, meter las manos. Prefiero vivir "pecando" por defenderme en esta Tierra que ganarme una corona en el cielo dejándome agredir.

Reitero lo que hace varias décadas exclamó Gustavo Gutiérrez, pionero de la teología de la liberación, viendo la sumisión de los pueblos ante la opresión política, y motivándoles a no dejarse violentar más:

"Ya no queremos mártires"

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Esto lo escribo al día siguiente de que Will Smith golpeara a Chris Rock por un chiste violento sobre la enfermedad de su esposa, Jade. La escena me inspiró esta reflexión, pero no la escribo para justificar a Smith, sino movido por las reacciones encolerizadas contra esa cachetada.

Más allá del asunto entre los señores Smith y Rock, es pavoroso ver cómo se reproduce la idea de "si reaccionas a una ofensa, el malo eres tú"... de cualquier forma, ese caso merece una reflexión aparte.

Compilado

lunes, 28 de febrero de 2022

¿Y dónde está Dios?

 

Dicen que para el que quiere creer no hacen falta argumentos. Y para quien no quiere creer, nunca existen argumentos suficientes...

Dios es Soberano y Omnipotente. Dios tiene el poder de hacer lo que desee. Entonces ¿Por qué a veces pareciera que no desea frenar el mal? Es un tema complejo que podría llevar a debates interminables. En el caso que nos ocupa.. ¿Por qué Dios permite que la gente sufra y muera? Conozco hermanos en Cristo de intachable testimonio que han muerto de manera violenta, inesperada. ¿Por qué Dios lo ha permitido? ¿Por qué Dios ha permitido que la mayoría de sus APOSTOLES (¡Nada menos!) murieran martirizados? ¿Por qué permitió que tantos cristianos padecieran en las garras de las fieras de los circos paganos o en hogueras inquisitoriales medievales? Y los ejemplos podrían ser interminables...

Ante estos ejemplos nosotros (humanos) evaluamos las situaciones y nace nuestro estupor, en función a nuestra "prioridad de valores". Y para nosotros (humanos) todo lo referente a nuestra "vida carnal" tiene una de las máximas prioridades (si no la máxima). Consecuentemente para nosotros (humanos) cuando una persona MUERE, lo tomamos como una situación extrema, terminal, demoledora. Y en función de ello sacamos conclusiones y tomamos posición.

¿Será que nuestras prioridades (humanas) no son las mismas que las prioridades de Dios? Será que el valor que nosotros (humanos) le damos a la muerte del cuerpo no es prioridad dentro de la Omnisciencia de Dios? ¿Será que para Dios lo verdaderamente importante no es la vida carnal (polvo somos)?

Nadie está exento de la muerte, temprana o tardía, por vejez o súbita, apacible o violenta. Nadie está exento, aunque Dios en su Soberanía puede retrasarla o impedirla. No obstante en el mundo tendremos aflicción, y absolutamente nadie puede asegurar que mañana estará aquí.

"Dios le dijo: Necio, esta noche vienen a pedirte tu alma; y lo que has provisto, ¿De quién será?" (Lucas 12:20)

La prioridad para Dios no es nuestra muerte corporal, sino la espiritual.

"Mas os digo, amigos míos: No temáis a los que matan el cuerpo, y después nada más pueden hacer. Pero os enseñaré a quién debéis temer: Temed a aquel que después de haber quitado la vida, tiene poder de echar en el infierno; sí, os digo, a éste temed." (Lucas 12:4-5)

La prioridad para Dios es nuestra SALUD ESPIRITUAL. A tal punto que no dudó en enviar a Su Hijo a morir por la humanidad pecadora.

"Porque de tal manera amó Dios al mundo, que ha dado a su Hijo unigénito, para que todo aquel que en él cree, no se pierda, mas tenga vida eterna. Porque no envió Dios a su Hijo al mundo para condenar al mundo, sino para que el mundo sea salvo por él." (Juan 3:16-17)

Dios, en su Omnipotencia y Soberanía, ha dispuesto que todo aquél que cree en Su Hijo no muera, sino que tenga VIDA ETERNA. Para Dios nuestra vida terrenal dura lo que una chispa, comparada con la vida eterna en Él.

La pregunta importante no es "por qué Dios permite el mal" (según los parámetros humanos). En el mundo -gobernado por el maligno- tendremos aflicción, y esto nada tiene que ver con un "Dios malo".

El verdadero "mal" para Dios es que no hayamos recibido la gracia de la justificación por la fe en el sacrificio de Cristo, hecho una vez y para siempre.

La pregunta importante que deberíamos hacernos es: ¿Me encuentro preparado para el momento que vengan por mi alma?

"Todos compareceremos ante el tribunal de Cristo". Porque escrito está: Vivo yo, dice el Señor, que ante mí se doblará toda rodilla, Y toda lengua confesará a Dios. De manera que cada uno de nosotros dará a Dios cuenta de sí." (Romanos 14:10b-12)

Daniel Sapia

lunes, 31 de enero de 2022

Texto y contexto

 


LA IDEOLOGÍA DE GÉNERO

"La ideología de género es la última rebelión de la creatura contra su condición de creatura. Con el ateísmo, el hombre moderno pretendió negar la existencia de una instancia exterior que le dice algo sobre la verdad de sí mismo, sobre lo bueno y sobre lo malo. Con el materialismo, el hombre moderno intentó negar sus propias exigencias y su propia libertad, que nacen de su condición espiritual. Ahora, con la ideología de género el hombre moderno pretende librarse incluso de las exigencias de su propio cuerpo: se considera a un ser autónomo que se construye a sí mismo; una pura voluntad que se auto crea y se convierte en un dios para sí mismo."

~ Joshep Ratzinger

XI JINPING Y LA AGENDA GLOBALISTA 2030

"¿No sabéis que si os sometéis a alguien como esclavos para obedecerle, sois esclavos de aquel a quien obedecéis, sea del pecado para muerte, o sea de la obediencia para justicia?" (Romanos 6:16).

El nefasto proyecto comunista de la agenda globalista 2030, pretende acabar con la libertad en el mundo mediante la prohibición de la propiedad privada. Su patético lema: "En 2030 no tendrás nada y serás feliz", revela el propósito de crear una sociedad donde los pastores (élite globalista) gocen de impunidad y el rebaño (nosotros) carezcamos de inmunidad.

Ante nuestros ojos, el mundo se encamina a pasos agigantados hacia un nuevo orden mundial, con una agenda enfáticamente liberticida, con la distribución del poder completamente asimétrico: una élite con el poder absoluto por una parte y países lacayos por otra. El triunfo del colosal fraude electoral en los EUA y la asunción del impostor Biden al poder, han dejado el camino expedito para que la Agenda 2030 prosiga su andadura sin pérdida de tiempo.

Xi Jinping, con más de 2 millones de presos de conciencia en los campos de concentración, con el decreto de pena de muerte a quien declare el origen del virus y con un largo etcétera de violaciones a los derechos humanos, es el mero Tatascán de este proyecto dictatorial. La frase "nada volverá a ser como antes" del discurso que espetó en Davos, proclama a su régimen como vencedor de la crisis mundial que ellos mismos crearon y que no admitirá que ningún país, empezando por EUA, discuta su poderío militar, económico y político, ni contravenga su estilo dictatorial.

Por otra parte, como la mitológica Hidra de Lerna, los tentáculos de la agenda globalista amenazan sin caretas la libertad de expresión, de prensa y de conciencia a todos los habitantes del planeta, por lo que la lucha por la libertad y la democracia se ha vuelto tenaz, urgente y mundial. El tema de la libertad nos atañe a todos y todos debemos hacer nuestro esfuerzo por protegerla. Porque si nos sometemos y obedecemos a nuestra carne, seremos esclavos del pecado. Si nos sometemos y obedecemos a Dios, seremos esclavos de la justicia. Y si nos sometemos y obedecemos a Xi Jinping y a la Élite Globalista, entonces, lamentablemente, ¡Seremos sus esclavos!

—Carlos H. Suárez F.

viernes, 31 de diciembre de 2021

La Pre existencia de Jesucristo

Siendo al mismo tiempo perfectamente humano y perfectamente divino, el Señor Jesucristo es semejante y a la vez distinto a los hijos de los hombres. Las Escrituras son muy claras respecto a la semejanza de Él con los humanos (Jn. 1:14; 1 Ti. 3:16; He. 2:14-17), y lo presentan como a un hombre que nació, vivió, sufrió y murió entre los hombres. Pero de igual manera la Biblia enseña que Él es diferente a nosotros, no solamente en el carácter impecable de su vida terrenal, en su muerte vicaria y en su gloriosa resurrección y ascensión, sino también en el hecho maravilloso de su preexistencia eterna. En cuanto a su humanidad, Él tuvo principio, pues fue concebido por el poder del Espíritu Santo y nació de una virgen. En cuanto a su divinidad, Él no tuvo principio, pues ha existido desde la eternidad. En Isaías 9:6 leemos: «Porque un niño nos es nacido, hijo nos es dado.» La distinción es obvia entre el niño que nació y el Hijo que nos es dado. Así también en Gálatas 4:4 se declara: «Cuando vino el cumplimiento del tiempo, Dios envió a su Hijo, nacido de mujer y nacido bajo la ley.» El que existía desde la eternidad, llegó a ser, en la plenitud del tiempo, «nacido (la descendencia) de mujer». Declarando que Cristo fue preexistente, meramente se afirma que Él existió antes de que se hubiera encarnado, puesto que todos los propósitos también afirman que Él existía desde toda la eternidad pasada. La idea de que Él era preexistente sólo en el sentido de ser el primero de todos los seres creados (la así llamada herejía arriana del siglo IV) no es una enseñanza moderna. Así las pruebas de su preexistencia y las pruebas para su eternidad pueden ser agrupadas juntas. Es también evidente que si Cristo es Dios, Él es eterno, y si Él es eterno, Él es Dios, y las pruebas para la deidad de Cristo y su eternidad se sostienen unas a otras. La eternidad y deidad de Jesús es establecida por dos líneas de revelación: 1ª.) Declaraciones directas, y 2ª.) Implicaciones de la Escritura. 

A. DECLARACIONES DIRECTAS DE LA ETERNIDAD Y DEIDAD DEL HIJO 

La eternidad y deidad de Jesucristo están sostenidas en una vasta área de la Escritura, la cual afirma su infinita Persona y su existencia eterna igual con las otras Personas de la Trinidad. Este hecho no es afectado por su encarnación. La Escritura declara en Juan 1:1-2: «En el principio era el Verbo, y el Verbo era con Dios, y el Verbo era Dios. Este era en el principio con Dios.» De acuerdo a Miqueas 5:2: «pero tú, Belén Efrata, pequeño para estar entre las familias de Judá, de ti me saldrá el que será Señor en Israel; y sus salidas son desde el principio, desde los días de la eternidad.» Isaías 7:14 afirma su nacimiento virginal y le da el nombre de Emanuel, lo cual significa «Dios con nosotros». De acuerdo a Isaías 9:6-7, aunque Jesús fue un niño nacido, Él fue también dado como un Hijo y es llamado específicamente «el Dios fuerte». Cuando Cristo declaró en Juan 8:58: «De cierto, de cierto os digo: Antes que Abraham fuese, yo soy», los judíos entendieron que esto era una afirmación de la deidad y la eternidad (cf. Ex. 3:14; Is. 43:13). En Juan 17:5, Cristo, en su oración, declaró: «Ahora, pues, Padre, glorifícame tú para contigo, con aquella gloria que tuve contigo antes que el mundo fuese» (cf. Jn. 13:3). Filipenses 2:6-7 dice que Cristo fue «en forma de Dios» antes de su encarnación. Una declaración más explícita se hace en Colosenses 1:15-19, donde se declara que Jesucristo es, antes de toda la creación, el Creador mismo, y la imagen exacta del Dios invisible. En 1 Timoteo 3:16 se declara a Jesucristo como «Dios... manifestado en carne». En Hebreos 1:2-3 el hecho de que el, Hijo es el Creador y la exacta imagen de Dios se declara nuevamente, y su eternidad se afirma en 13:8 (cf. Ef. 1:4; Ap. 1:11). La Escritura declara muy a menudo que Cristo es eterno y que Él es Dios. La educación contemporánea, la cual acepta la Biblia como la autoridad irresistible con excepción de algunas sectas-, afirma la eternidad y deidad de Cristo. 

B. IMPLICACIONES DE QUE EL HIJO DE DIOS ES ETERNO 

La Palabra de Dios constante y consistentemente implica la preexistencia y eternidad del Señor Jesucristo. Entre las pruebas obvias de este hecho pueden resaltarse varias: 

1. Las obras de la creación son adjudicadas a Cristo (Jn. 1:3; Col. 1:16; He. 1:10). Por lo tanto, Él antecede a toda la creación. 

2. El Ángel de Jehová, cuya apariencia se recuerda a menudo en el Antiguo Testamento, no es otro que el Señor Jesucristo. Aunque Él aparece algunas veces como un ángel o aun como un hombre, Él lleva las marcas de la deidad. Él apareció a Agar (Gn. 16:7), a Abraham (Gn. 18:1; 22:11-12; véase Jn. 8:58), a Jacob (Gn. 48:15-16; véase también Gn. 31:11-13; 32:2432), a Moisés (Ex. 3:2, 14), a Josué (Jos. 5:13-14) y a Manoa (Jue. 13:19-22). Él es quien lucha por los suyos y los defiende (2 R. 19:35; 1 Cr. 21:15-16; Sal. 34:7; Zac. 14:1-4). 

3. Los títulos adjudicados al Señor Jesucristo indican la eternidad de su Ser. Él es precisamente lo que sus nombres sugieren. Él es «el Alfa y Omega», «el Cristo», «Admirable», «Consejero», «Dios fuerte», «Padre eterno», «Dios», «Dios con nosotros», el «gran Dios y Salvador» y «Dios bendito para siempre». Estos títulos identifican al Señor Jesucristo con la revelación del Antiguo Testamento acerca de Jehová-Dios (compárese Mt. 1:23 con Is. 7:14; Mt. 4:7 con Dt. 6:16; Mr. 5:19 con Sal. 66:16, y Sal. 110:1 con Mt. 22:42-45). Además, los nombres que el Nuevo Testamento le da al Hijo de Dios se hallan íntimamente relacionados con los títulos del Padre y del Espíritu, lo que indica que Cristo está en un plano de igualdad con la Primera y la Tercera Personas de la Trinidad (Mt. 28:19; Hch. 2:38; 1 Co. 1:3; 2 Co. 13:14; Jn. 14:1; 17:3; Ef. 6:23; Ap. 20:6; 22:3), y explícitamente Él es llamado Dios (Ro. 9:5; Jn. 1:1; Tít. 2:13; He. 1:8). 

4. La preexistencia del Hijo de Dios se sobreentiende en el hecho de que Él tiene los atributos de la Deidad: Vida (Jn. 1:4), Existencia en sí mismo (Jn. 5:26), Inmutabilidad (He. 13:8), Verdad (Jn. 14:6), Amor (1 Jn. 3:16), Santidad (He. 7:26), Eternidad (Col. 1:17; He. 1:11), Omnipresencia (Mt. 28:20), Omnisciencia (1 Co. 4:5; Col. 2:3) y Omnipotencia (Mt. 28:18; Ap. 1:8). 

5. De igual manera, la preexistencia de Cristo se sobreentiende en el hecho de que Él es adorado como Dios (Jn. 20:28; Hch. 7:59-60; He. 1:6). Por lo tanto, se concluye que siendo el Señor Jesucristo Dios, Él existe de eternidad a eternidad. Este capítulo, que recalca la Deidad de Cristo, debe estar inseparablemente relacionado con el que sigue, en el cual se da énfasis a la humanidad del Hijo de Dios, realizada a través de la encarnación. 

Lewis Chafer

lunes, 29 de noviembre de 2021

Crisis existencial

 


Se podría definir la crisis existencial como el período en la vida de un ser humano en el cual se plantean serios cuestionamientos; referentes a las razones por las cuales vale la pena vivir, qué motivaciones conducen sus actos y cuáles son las bases en que se fomenta la propia existencia.

Esta definición se deriva del existencialismo, controversial línea de pensamiento filosófico, en la que se manifestaba que el conocimiento de la realidad estaba fundamentado en las vivencias propias del individuo, y su realidad actual, proponiéndose indagar sobre el real significado de la vida.

¿Cuáles son los síntomas que identifican una crisis existencial?

Las crisis existenciales provocan en las personas que la padecen, cierta sintomatología que es importante aprender a reconocer; para tomar las acciones correctivas y lidiar de una manera asertiva con la situación.

Entre estos, tenemos los siguientes:

Sensación permanente de aburrimiento.

Falta de motivación para realizar las actividades del día a día.

Sentimiento de insatisfacción generalizada, aunque existan logros meritorios.

Anhelo de efectuar cambios en la vida, que originen acontecimientos distintos y agradables.

Sensación de desconocimiento consigo mismo.

Pretensión de propiciar alteraciones a los hábitos adquiridos, en búsqueda de nuevas sensaciones.

Pensamientos que cuestionan una o algunas de las vivencias ya pasadas.

Sensación de que aún faltan muchas cosas por hacer, pero que no se pueden identificar.

Agotamiento emocional y espiritual extremo, que ocasionan desgano y apatía.

Dudas sobre la idoneidad de las decisiones que se han tomado, hasta el momento de la presentación de la crisis existencial.

Cuestionamiento referente a la profesión que se ejerce, la relación actual de pareja y en fin; de todo lo que le rodea o que ha decidido tener.

Temor al futuro.

¿Cuáles son las causas que originan una crisis existencial?

Teniendo lo anteriormente señalado como base, se podría entonces inferir que la crisis existencial es una consecuencia directa de la duda existencial; en la que llegan a plantearse preguntas del tipo:

¿Tiene sentido la vida?

¿Hay una razón para estar en el mundo?

¿Qué puedo hacer con mi vida?

¿Vale la pena vivir si igualmente moriremos?

¿Soy realmente feliz?

Este tipo de interrogantes, llevan a la persona a sumergirse en un estado de profunda ansiedad,  angustia y tristeza; al no poder darles unas respuestas satisfactorias que le den sentido a su existencia y lo motiven a vivir.

En la mayoría de las ocasiones, las crisis existenciales se derivan de la imposibilidad de lograr respuestas asertivas; referentes a la duda existencial o de comprender que las posibles respuestas que se tenían, ya han perdido su vigencia o se han ido desvaneciendo con el transcurrir del tiempo.

Es por esta razón que las personas que están viviendo una crisis existencial, experimentan en su interior una desoladora sensación de sentirse absolutamente vacías, sin ánimos de hacer nada y totalmente desmotivadas; a la par de sentir también una intensa tristeza o desasosiego y se les presentan ideas asociadas con la muerte.

¿Cómo afectan las crisis existenciales a las personas?

Las crisis existenciales tienen un profundo impacto emocional en  la vida de una persona, afectándola en todos los niveles.

Conceptos elementales como: los valores, los objetivos propuestos, las motivaciones vivenciales, las virtudes, creencias e ideas preconcebidas; entran en conflicto.

Todos los conceptos anteriormente señalados, quedan sometidos a un proceso de reevaluación en el cual la persona, comienza a valorarlos desde un punto de vista más profundo; para renovarlos y asignarles el alcance con que ella se sienta satisfecha y a gusto.

Es importante señalar que no todas las personas que atraviesan una crisis existencial, la experimentan del mismo modo.

Hay, por ejemplo, quienes la viven durante períodos muy cortos de tiempo; enfocándose en etapas específicas de sus vivencias.

Del mismo modo, hay personas que se les va la vida cavilando al respecto; sin poder darle aparentemente una solución o desenlace a la problemática interna que agobia su existencia de forma directa.

En cuanto a la edad, tampoco existe un patrón definido que indique la propensión a padecer de una crisis existencial. Esta puede experimentarse entre los 20 y los 60, sin que esto sea condicionante.

En realidad, la crisis existencial obedece más a momentos de toma de decisiones, conflictos personales y otras situaciones por el estilo.

Cristian Agustín Alderete

Cristian Alderete es especialista en modificación de Conducta en Niños y Adolescentes, Orientación Vocacional y Psicoterapia Individual.

domingo, 31 de octubre de 2021

La necesidad de la Salvación


 Este es el 1 de los 6 Capítulos que tratarán lo que la Biblia enseña sobre la Salvación. Consideraremos la necesidad, el método, el alcance, los frutos y los privilegios de la salvación. Podemos resumir la necesidad de la salvación a una sola palabra: PECADO. A no ser por él, no habría necesidad de la salvación. Veamos qué dice la Biblia acerca de su origen, naturaleza y efecto del pecado.

1. El Origen del pecado

         ¿Dónde y cuándo entró el pecado en el universo de Dios? ¿Creó Dios el pecado? ¿Creó Dios seres pecaminosos?

            SATANAS. Dios creó seres que le pudieran amar y servir por su propia voluntad. Esto equivale a decir que les dio la capacidad de poder hacer lo contrario, que eran capaces de pecar. Si no pudieran pecar, obedecerían por compulsión. Al poder escoger entre obedecer y pecar, algunos escogerían pecar. El primero fue Lucero.

            EL HOMBRE. La historia de la caída de Adán en pecado se encuentra en Génesis 3. Es  bien conocida, pero notemos estos puntos:

1. En el jardín de Edén, todas las circunstancias eran adversas para el hombre. Podía comer el fruto de árboles plantados ´por Dios. Era la cabeza de todo lo creado por Dios en la tierra. Como contraste vemos que el postrer Adán, Cristo, fue tentado en el desierto habiendo ayunado por 40 días. Adán conversaba diariamente con Dios. Tenía una sola restricción. No debía comer del árbol del conocimiento del bien y del mal.

2.  Adán fue advertido con total claridad. Dios dijo que el día que comiera del fruto de ese árbol moriría. Adán no tenía excusa.

3.  Satanás dio el primer paso. No fue con Adán sino con Eva. Primero sembró con una duda en su mente, una duda sobre la bondad de Dios. Eva mintió al que decir que Dios  había prohibido que tocara el árbol. Dios había dicho que no comieran de su fruto. El día que lo comieran morirían. Entonces Satanás contradijo a Dios diciendo que no morirían. Les prometió que serían como Dios  y que conocerían el bien y el mal. Eva creyó esto y fue engañada. El pecado de Adán fue más serio porque él no fue engañado. (1 Timoteo 2:14)

4. ¿Se cumplió lo prometido por Satanás? Por supuesto que Adán y Eva conocían la diferencia entre el bien y el mal desde el momento que Dios les prohibió que comieran el fruto de un árbol. Ahora obtuvieron un conocimiento experimental de lo malo. Había algo de cierto en lo que dijo Satanás. Dios conoce en su mente la diferencia entre el bien y el mal. Pero Él no conoce el mal experimentalmente. Todo lo que Él hace es bueno.

5. ¿Y qué de la advertencia de Dios? Dios dijo que morirían. ¿Cumplió Dios su promesa? Adán fue separado de Dios ese mismo día. En un sentido muy real, esto es muerte. Además, la decadencia física indudablemente principió a hacer sus estragos en el cuerpo de Adán desde ese día. “La paga del pecado es muerte”. Pero, ¿Qué es pecado? 

2. La naturaleza del pecado

                Para ciertas personas, la palabra pecado es sinónimo de placer. Otros dicen que es una enfermedad. Aún otros dicen que no existe. Y algunos reconocen que es malo pero piensan que es inevitable.

            ¿Qué piensan Dios acerca del pecado?

            Dios tiene el derecho de decírnoslo que debo y no debo hacer. Si hago lo que Dios me prohíbe,  esto es pecado. Si dejo de hacer lo que Dios me ordena esto también es pecado. El pecado es infracción a la ley. (1 Juan 3:4) Aún si no conozco la ley de Dios, el quebrantarla es pecado. Pero si sé hacer lo bueno y no lo hago, me es pecado. (Santiago 4:17)

            Toda injusticia es pecado (1 Juan 5:17)

            El pensamiento de lo necio es pecado  (Proverbios 24:9)

            Todo lo que no proviene de fe es pecado (Romanos 14:23

            El pecado es rebelión, o sea, haré lo que yo quiera. No me importa lo que Dios diga.

            Pecado, un capataz. Todo aquél que hace pecado, esclavo es del pecado. (Juan 8:34)

            El pecado es engañoso  (Hebreos 3:13)

            El pecado acarrea la muerte  (Santiago 1:15)

            DIOS ABORRECE EL PECADO  (Jeremías 44:4)

            Dios está airado con el impío todos los días  Salmo 7:11.

            ¿Cuál es el peor de los pecados? En el pecado hay varias listas de pecados. En mareo 15:19 los malos pensamientos encabezan la lista. En Gálatas 5:19 el adulterio. En marcos 7:22 la soberbia y la insensatez cierran la lista. En Romanos 1:29, 30 se incluyen a los murmuradores, injuriadores y soberbios.

            Desde un punto de vista el orgullo es el peor de los pecados. 6 cosas aborrece Jehová y aun 7 abomina su alma: los ojos altivos… (Proverbios 6:16, 17) El orgullo impide que el hombre confiese sus pecados y Dios salva a los pecadores, no a los que se creen justos. (Lucas 5:32)

            El pecado que no tiene perdón es el de rechazar a Cristo y no prestar atención a la voz del Espíritu Santo. Este pecado contiene toda la esencia del orgullo y rebelión contra Dios. Dios no ha provisto otro remedio para el pecado fuera de Cristo.

3. Los efectos del Pecado

         El pecado es la rebelión del hombre contra Dios. El pecado tiene efectos sobre Dios, Satanás y el hombre.

            EL EFECTO SOBRE DIOS

            Un resultado del pecado es que el honor de Dios exige castigo. Dios es justo. No puede tolerar rebelión ante su presencia. A menos que se arrepienta, el rebelde tiene que ser excluido para siempre. Pero al mismo tiempo, Dios es amor. Su amor hacia el hombre es inmutable. Quiere que sus amados estén junto a Él ¿Podemos imaginar dos fuerzas opuestas basadas en estos dos atributos de Dios? Una expulsa al hombre y la otra lo atrae. Será posible que estas fuerzas se cancelan mutuamente dejando al hombre a corta distancia de Dios? No pensemos que este problema le haya causado perplejidad a Dios. Dios conocía el fin desde el principio. La redención es la obra máxima de Dios.

La entrada del pecado no significa que alguno de sus atributos quedaría anulado. Ni siquiera que uno cancelaría los efectos del otro. En la cruz de Cristo vemos el amor y la justicia de Dios brillar ambo en todo su apogeo.

            EL EFECTO SOBRE SATANAS

            El pecado del hombre ha resultado en oportunidad para que Satanás acuse tanto al hombre como a Dios. El pecado del hombre ha dado ocasión de blasfemar a los enemigos de Dios. (2 Samuel 12:14) Estas ocasiones serán invalidadas para siempre por la obra de Jesucristo.

EL EFECTO SOBRE EL HOMBRE

El primer efecto sobre el hombre fue que tuvo miedo. En lugar de la comunión que disfrutaban, Adán y Eva intentaron esconderse. Se dieron cuenta que estaban desnudos y que no eran dignos de estar en la presencia de Dios. (Génesis 3:8) Más que eso, Dios no podía permitir que se le acercaran. El segundo efecto fue su expulsión, por ello los hombres están “muertos en sus delitos y pecados”.  (Efesios 2:1)

Al pecar, el hombre se puso en las manos de Satanás. Por temor a la muerte el hombre está sujeto a servidumbre. (Hebreos 2:14, 15) Pensaba que sería como Dios y conocerla mucho. En vez de eso, Satanás  cegó su entendimiento. (2 Corintios4:4)

Adán transmitió a sus descendientes, una naturaleza pecaminosa Todo ser humano nace con reprensión al pecado. El hombre es responsable de sus hechos. Tiene que dar cuenta a Dios de todo lo que hace.

Compolado

miércoles, 29 de septiembre de 2021

La falacia del Racismo

 

La visión evolucionista de que la vida puede evolucionar hacia niveles más «altos», alimenta las actitudes racistas. La Biblia, por el otro lado, muestra claramente la falacia del racismo. El incremento de la difusión de la doctrina evolucionista tiene mucho que contestar, en relación al modo en que las personas se tratan unas a otras.

Lamentablemente, las personas raramente reconocen que los prejuicios que lentamente se han enraizado en sus mentes, a menudo han sido el resultado – directa o indirectamente – del pensamiento evolucionista.

Una de las evidencias más frecuentes de la falta de humanidad del hombre hacia el hombre es el racismo. Expresado simplemente, el racismo es el prejuicio contra personas de otras «razas»1, solamente por ese motivo. Reglas estereotipadas son aplicadas para rebajar individuos, fundamentadas en su trasfondo cultural, piel, color, apariencia o acento.

La mayoría de las veces, estas reglas permiten una infundada presunción de superioridad sobre tal individuo, que a la vez justifican cualquier sentimiento de desdén o indiferencia hacia ellos. En realidad, esta actitud está basada en miedo, ignorancia e incomprensión. Las manifestaciones del racismo pueden ser flagrantes, tales como las perpetradas por el Ku Klux Klan o la opresión del «apartheid» o también pueden ser tan simples como relatar anécdotas degradantes o teniendo una actitud fría de indiferencia.

Como resultado del pensamiento evolucionista, muchos en la sociedad occidental son incapaces de experimentar alguna simpatía por los niños hambrientos de las naciones pobres del Tercer Mundo. Por razones que nunca podrán justificar, ellos creen que la «vida», de algún modo, tiene menos significado para estos extranjeros con color de piel y facciones diferentes. ¡Aunque parezca increíble he oído este tipo de comentarios de personas «cultas»!

Esta actitud desconsiderada es comprensible si las personas aceptan la idea de la «supervivencia del más apto», de que las reglas del mundo animal se deben aplicar a los humanos «porque todos hemos evolucionado de los animales».

Ni el racismo – ni la idea de la evolución – comenzaron con Darwin. Ambas son manifestaciones de un pensamiento fundado en una base no bíblica. No obstante, los escritos de Darwin alimentaron la idea del racismo, proveyéndole una justificación «científica».

La Biblia, por supuesto, enseña en el primer capítulo de Génesis que Dios creó los cielos y la tierra, y toda la vida sobre ella. No hay evidencia que demuestre que la existencia del hombre ocurrió de otra manera. La teoría de la evolución está basada en suposiciones y falta de información.

Si creemos la Biblia, toda la Biblia, entonces está claro que todas las personas fueron creadas por Dios. «Entonces Jehová Dios formó al hombre del polvo de la tierra, y sopló en su nariz aliento de vida, y fue el hombre un ser viviente» (Génesis 2:7).

Hechos 17:26 dice: «Y (Dios) de una sangre [p.ej. de un ancestro original, Adán y su mujer Eva] ha hecho todo el linaje de los hombres, para que habiten sobre toda la faz de la tierra...». ¡Esto significa que todos somos parientes!

El origen de las distintas «razas» de la tierra (la Biblia no usa ese término, sino que las llama tribus y naciones) ha causado durante mucho tiempo una confusión innecesaria, tanto en cristianos como en no cristianos. La verdad es sorprendentemente simple.

Hoy, la mayoría de los evolucionistas no discutirían el concepto bíblico creacionista de que todas las «razas» provienen de la misma población original (no estarían de acuerdo en que eran sólo dos individuos), aunque ese no es siempre el caso. Los evolucionistas enseñan que estos grupos «evolucionaron» independientemente unos de otros, separados por muchos miles de años. Los evolucionistas sostienen que este lapso de tiempo es el necesario para explicar el desarrollo de las diferencias físicas entre las «razas».

Este concepto engañoso da nacimiento a la idea de que algunas «razas» se han desarrollado mejor y han llegado a ser más «sofisticadas» más rápido que otras, llegando a la conclusión final (a menudo subconscientemente) de que determinadas «razas» son superiores a otras.

El «Libro de las Respuestas», de Ken Ham, Andrew Suelling y Carl Wieland, ofrece una explicación clara y concisa de cómo las diferentes «razas» se han desarrollado después de la confusión de las lenguas y la dispersión de la población en Babel (registrada en Génesis 11:1-9). El libro brinda evidencia científica lógica de que la humanidad desciende de Noé y su familia (y antes de esto, de Adán y Eva). 

Este libro explica cómo la dispersión, implicando la división del grupo grande en muchos grupos pequeños (uniendo a los miembros que hablaban el mismo idioma), donde los individuos sólo se reproducían dentro del mismo grupo, aseguraba que la población resultante tuviera diferentes mezclas de genes, creando características físicas distintivas.

Adán y Eva, creados perfectos, hubieran tenido la información genética que le permitiera a sus vástagos, a su descendencia, tener las diferentes combinaciones de piel, cabellos y color de ojos existentes hoy en el mundo.2 

La población actual desciende de Noé y su familia, después del diluvio, por lo que la cantidad de genes disponibles probablemente fuera levemente menor que aquellas de Adán y Eva.

Así, la dispersión aseguraba que, dentro de un corto tiempo, ciertas diferencias fijas, permanentes3, se volviesen visibles en algunos de los grupos pequeños, que después llamaríamos «razas»4 separadas.

En el libro de los Romanos se nos dice que todos los hombres nacen iguales: «...por cuanto todos pecaron, y están destituidos de la gloria de Dios...» (Romanos 3:23), pero la muerte y resurrección de Jesucristo nos dio la posibilidad de la redención y salvación: «Porque de tal manera amó Dios al mundo, que ha dado a su hijo unigénito, para que todo aquel (sin importar a qué tribu o «raza» pertenezca) que en él cree, no se pierda, más tenga vida eterna» (Juan 3:16). Entre los creyentes: «Ya no hay judío ni griego; no hay esclavo ni libre, no hay varón ni mujer; porque todos vosotros sois uno en Cristo Jesús» (Gálatas 3:28).

 A la luz de la Palabra de Dios, no hay justificación para fomentar o perdonar el racismo.

Paula Weston